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El sistema de refrigeración trabaja durante todo el año, pero el invierno pone a prueba su estado. Un nivel insuficiente, una mezcla degradada o una pequeña fuga pueden provocar desde un calentamiento excesivo del motor hasta daños importantes cuando el vehículo circula con frío intenso. Revisarlo antes de los viajes invernales apenas lleva unos minutos y permite detectar problemas que no siempre aparecen en el cuadro de instrumentos.
La revisión debe hacerse con el motor completamente frío y el automóvil estacionado sobre una superficie plana. El depósito de expansión suele ser translúcido y lleva dos referencias, marcadas como “mínimo” y “máximo”. El nivel tiene que situarse entre ambas, preferiblemente cerca de la marca superior sin sobrepasarla. Para identificar el producto adecuado, conviene consultar el manual y comprobar las especificaciones del fabricante. No basta con fijarse en el color: dos líquidos con una tonalidad parecida pueden tener composiciones incompatibles. En caso de duda, el anticongelante debe elegirse según la homologación indicada para el vehículo.
La Dirección General de Tráfico recomienda preparar el automóvil antes de afrontar desplazamientos con condiciones meteorológicas adversas. Esa preparación incluye revisar niveles, neumáticos, alumbrado, limpiaparabrisas y batería, además de consultar la previsión y el estado de las carreteras. La DGT también recuerda que, ante nieve o hielo, pueden ser necesarias cadenas o neumáticos de invierno según la señalización y las instrucciones de los agentes. El refrigerante forma parte de esa puesta a punto, aunque su función no se limita a evitar la congelación.
Qué protege el refrigerante y por qué se degrada
El circuito necesita una mezcla capaz de absorber el calor del motor y trasladarlo al radiador. También protege frente a la corrosión y ayuda a mantener en condiciones adecuadas componentes como la bomba de agua, el radiador y el termostato. Con el tiempo, los aditivos pierden eficacia, el líquido puede contaminarse y la protección frente a temperaturas bajas disminuye.
El intervalo de sustitución no es idéntico para todos los automóviles. Algunos fabricantes establecen periodos de dos o tres años; otros utilizan formulaciones de larga duración con intervalos superiores. La referencia válida es el programa de mantenimiento del vehículo y la ficha del producto utilizado. Si no existe información clara sobre el líquido que lleva el circuito, mezclar productos de tecnologías distintas puede generar depósitos o reducir la protección, especialmente cuando se combinan refrigerantes orgánicos, híbridos o inorgánicos.
El aspecto ofrece pistas, pero no un diagnóstico definitivo. Un líquido marrón, turbio, con partículas o con una película aceitosa requiere una revisión profesional. También conviene observar si hay manchas bajo el vehículo, humedad alrededor de manguitos y abrazaderas, o restos blanquecinos y coloreados cerca del depósito. Una pérdida pequeña puede hacerse visible solo después de varios trayectos y terminar provocando una caída peligrosa del nivel.
Cómo medir el nivel sin asumir riesgos
La tapa del depósito nunca debe abrirse con el motor caliente. El circuito funciona a presión y el líquido puede salir de forma brusca, con riesgo de quemaduras. Después de dejar enfriar el vehículo, hay que limpiar la zona exterior, comprobar las marcas y volver a cerrar la tapa firmemente. Si el nivel está ligeramente bajo, se puede rellenar con el producto especificado por el fabricante, respetando las instrucciones del envase.
El agua del grifo no debe utilizarse como solución habitual. Sus minerales pueden favorecer depósitos y corrosión, mientras que el agua sola no ofrece protección suficiente contra la congelación ni contra la ebullición. Para una emergencia puntual, el manual puede indicar qué hacer, pero después será necesario corregir la mezcla y localizar la causa de la pérdida. Un nivel que vuelve a bajar no se resuelve con sucesivos rellenos.
La etiqueta del envase también merece atención. La normativa europea de clasificación, etiquetado y envasado de sustancias y mezclas, conocida como CLP, exige indicar riesgos, pictogramas, advertencias y recomendaciones de seguridad cuando corresponda. No existe una etiqueta europea única que garantice la compatibilidad con cualquier coche. La información decisiva es la especificación técnica aprobada para el motor, junto con las indicaciones de uso y las advertencias del fabricante.
Cuándo conviene cambiarlo
La sustitución es aconsejable cuando se ha cumplido el intervalo previsto, después de una reparación importante del circuito o cuando se desconoce el historial de mantenimiento. También debe plantearse si el líquido presenta suciedad, si el sistema ha recibido agua sin control o si el vehículo ha sufrido un sobrecalentamiento. En esos casos, no basta con vaciar una parte del depósito: normalmente se requiere vaciar el circuito, limpiarlo si procede y cargarlo con la proporción correcta.
El cambio puede implicar operaciones que no son visibles desde el depósito. Hay que eliminar el aire atrapado, comprobar la estanqueidad y verificar que el electroventilador se activa cuando corresponde. Un purgado deficiente puede dejar zonas sin circulación y causar oscilaciones de temperatura. Por esa razón, si no se dispone del procedimiento específico del modelo, es preferible acudir a un taller.
Señales que no deben ignorarse
Una aguja de temperatura que sube más de lo habitual, un testigo encendido, vapor bajo el capó, olor dulce en el habitáculo o calefacción que deja de funcionar correctamente son señales para detenerse en un lugar seguro. No conviene continuar hasta que el motor se enfríe ni retirar la tapa del depósito de inmediato. Si hay una fuga visible o el nivel ha desaparecido, la asistencia profesional evita agravar la avería.
Antes de salir en invierno, una inspección ordenada permite anticiparse: nivel entre las marcas, líquido limpio y compatible, ausencia de fugas, tapa en buen estado y mantenimiento al día. Conviene completar la revisión con presión de neumáticos, estado de la batería y funcionamiento de las luces, tres elementos especialmente importantes cuando hay frío, lluvia o menos horas de luz.