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Felipe Beltrán: "El inmueble es solo la mitad de la inversión; la demanda de alquiler decide la otra mitad"

El especialista recomienda estudiar al futuro inquilino, los comparables y el micromercado antes de comprar, en lugar de confiar únicamente en las características de la vivienda

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Felipe Beltrán, profesional especializado en inversión inmobiliaria y Personal Shopper Inmobiliario.
Felipe Beltrán, profesional especializado en inversión inmobiliaria y Personal Shopper Inmobiliario.

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Una vivienda puede tener un precio atractivo, una distribución correcta y una reforma sencilla. Sin embargo, ninguna de esas cualidades confirma por sí sola que vaya a responder a una demanda de alquiler suficiente ni que la renta estimada pueda mantenerse en el tiempo.

Felipe Beltrán, profesional especializado en inversión inmobiliaria y Personal Shopper Inmobiliario (PSI), propone analizar cada operación desde dos perspectivas inseparables: el activo que se compra y la persona que previsiblemente querrá vivir en él.

«El inmueble es solo la mitad de la inversión; la demanda de alquiler decide la otra mitad. No se compra para un inquilino imaginario, sino para una necesidad que debe existir en una zona concreta», explica Beltrán.

El análisis comienza en el micromercado. La media de una ciudad puede ocultar diferencias entre barrios próximos e incluso entre calles. Comunicaciones, centros de trabajo o estudio, comercios, servicios, facilidad de aparcamiento y características del entorno influyen en el perfil de quien busca vivienda y en el tiempo que puede tardar una propiedad en encontrar inquilino.

La tipología debe encajar con esa realidad. Número de dormitorios, superficie, distribución, ascensor, terraza, mobiliario o eficiencia de los equipos no tienen el mismo valor para una persona sola, una pareja, una familia o varios estudiantes. Una característica que incrementa el coste de compra puede aportar poco si no es prioritaria para la demanda dominante.

«Antes de valorar una vivienda conviene formular una pregunta muy sencilla: quién la alquilaría y por qué elegiría esta opción frente a las demás», señala Felipe Beltrán.

Los anuncios comparables constituyen una referencia, pero deben interpretarse con cautela. El precio publicado no demuestra el precio finalmente aceptado ni permite conocer cuánto tiempo lleva disponible el inmueble. También es necesario comparar propiedades semejantes por ubicación, tamaño, estado, altura, ascensor y equipamiento.

Beltrán diferencia así entre el alquiler más alto que aparece en un portal y una renta prudente para el análisis. La primera cifra puede describir una aspiración del propietario; la segunda debe reflejar lo que la vivienda analizada podría sostener en condiciones competitivas, sin depender de un escenario excepcional.

La oferta existente aporta otra señal. Si abundan viviendas iguales, el futuro inmueble tendrá que competir en precio, presentación o prestaciones. Si la oferta es reducida, habrá que comprobar si se debe a una demanda sólida o a que esa tipología apenas se utiliza en la zona. La ausencia de anuncios, por sí sola, no garantiza una oportunidad.

«Una renta elevada no siempre mejora la inversión si obliga a esperar más, genera rotación o exige descuentos frecuentes. La demanda debe evaluarse por su capacidad para sostener ingresos razonables, no por el anuncio más optimista», sostiene.

El estado de la vivienda también debe estudiarse desde el usuario final. La reforma no consiste únicamente en renovar lo antiguo. Distribución, iluminación, almacenamiento, materiales y equipamiento deberían responder al perfil identificado y facilitar la conservación del inmueble. Invertir en elementos que el mercado no valora puede elevar el presupuesto sin mejorar de forma equivalente la capacidad de alquiler.

En sentido contrario, ahorrar en aspectos esenciales puede reducir el atractivo de la propiedad y aumentar las incidencias. Para Beltrán, el presupuesto debe priorizar aquello que mejora la habitabilidad, la funcionalidad y la comparación frente a la oferta de la zona.

«La mejor reforma no es la más cara ni la más llamativa. Es la que resuelve lo que busca el futuro inquilino sin introducir costes que la renta no puede justificar», afirma Felipe Beltrán.

La demanda tampoco permanece inmóvil. Cambios en el empleo, la movilidad, la oferta de vivienda, la regulación o las preferencias de los hogares pueden alterar el mercado. Por ello, cualquier previsión debe expresarse como una estimación y acompañarse de escenarios de tiempo, renta y ocupación diferentes.

En el sistema PSI que desarrolla Beltrán, el estudio de la demanda forma parte del filtro previo a la compra. La operación se analiza junto con el coste total, la financiación, la reforma, los gastos recurrentes y la forma de explotación. Cuando se requieren valoraciones jurídicas, técnicas, fiscales o financieras, intervienen profesionales especializados.

Ningún análisis puede garantizar que una vivienda se alquile en una fecha o a un precio determinado. Sí puede evitar que la compra se apoye únicamente en la apariencia del inmueble o en una cifra de alquiler sin contraste.

«Una vivienda empieza a parecer una inversión cuando existe una explicación razonable de quién la necesita, qué puede pagar y por qué la elegiría. Sin esa respuesta, solo estamos valorando un inmueble», concluye Beltrán.

El comprador adquiere metros cuadrados, pero sus ingresos futuros dependerán de personas. Integrar ambas partes antes de firmar permite que la estrategia de alquiler nazca del mercado y no de una expectativa construida después de la compra.

 

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