Ir al contenido principal

L’Albufera reclama en Catarroja un gran pacto para frenar décadas de degradación

Las IX Jornadas de El Periódico de Aquí ponen sobre la mesa los problemas ambientales del parque y la necesidad de implicar a administraciones, agricultores, pescadores, empresarios y sociedad

JUDITH CELMA
L’Albufera reclama en las IX Jornadas de El Periódico de Aquí en Catarroja un gran pacto para frenar décadas de degradación.
L’Albufera reclama en las IX Jornadas de El Periódico de Aquí en Catarroja un gran pacto para frenar décadas de degradación. // JAIME SORIANO

Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora

Hace unas décadas, pasear en barca por l’Albufera era adentrarse en una laguna de aguas cristalinas y una biodiversidad que parecía inagotable. Este lunes, un paseo en barca ha vuelto a ser el punto de partida de las IX Jornadas de l’Albufera de El Periódico de Aquí, pero el paisaje también ha servido para recordar cuánto ha cambiado el parque natural y, sobre todo, cuánto queda por recuperar.

A primera hora de la mañana, expertos, representantes de las administraciones y distintos agentes vinculados al territorio han recorrido las aguas de l’Albufera desde el Port de Catarroja, gracias a Paseos en Barca 'El Morrudet', antes de sentarse a debatir sobre su futuro. Todos conocen el valor de un espacio natural incomparable, pero también son conscientes de la distancia que existe entre aquella Albufera y la que ha llegado hasta nuestros días.

La huella del ser humano, la contaminación, la gestión del agua, la transformación de los usos del territorio y los efectos del cambio climático han ido dejando su marca durante décadas. Con ese punto de partida, las jornadas han reunido durante toda la mañana tres debates sobre conservación y cambio climático, los efectos de la dana y el futuro del turismo, con una idea que ha recorrido prácticamente todas las intervenciones: l’Albufera necesita que las administraciones y los sectores que viven de ella trabajen juntos.

El director y fundador de El Periódico de Aquí, Pere Valenciano, lo ha resumido al abrir la jornada: “L’Albufera no necesita más discursos bonitos; necesita coordinación, compromiso y continuidad”; y el debate ha demostrado que la frase no era una declaración de intenciones. Durante horas, científicos, técnicos, alcaldes, representantes de los sectores productivos y profesionales vinculados al parque han ido poniendo sobre la mesa los problemas que siguen pendientes.

La calidad del agua, una de las grandes amenazas

La primera mesa ha dejado uno de los diagnósticos más contundentes de la jornada. Juan Víctor Moliner, de la Universitat de València, ha presentado datos que muestran una tendencia de degradación de la calidad del agua durante la última década. Desde 2015, ha explicado, han aumentado la clorofila y los sólidos en suspensión, mientras que la transparencia del agua ha disminuido.

El comportamiento de la clorofila presenta además picos que no pueden explicarse únicamente por la temperatura o las condiciones meteorológicas, sino que están relacionados con los nutrientes y la hidrología, y ahí ha aparecido uno de los grandes debates de la mañana: de dónde procede esa carga de nutrientes. El fósforo presenta una relación importante con los vertidos urbanos e industriales, mientras que el nitrógeno también está vinculado a la actividad agrícola de la cuenca.

El técnico del Parc Natural de l’Albufera, Juanjo Monzó, ha sido especialmente crítico con los vertidos incontrolados y ha reclamado que las administraciones pongan el foco en solucionar este problema, pero Monzó también ha defendido que la solución no pasa por enfrentar conservación y actividad económica. Al contrario: los arrozales y la pesca deben formar parte de la propia estrategia de conservación. “Los arrozales tienen la llave de todo: tienen la tierra y tienen el agua”, ha señalado.

La imagen más gráfica de la primera mesa la ha dejado Carles Sanchis, presidente de la Junta Rectora del Parc Natural de l’Albufera, al hablar de los vertidos y de la responsabilidad de las administraciones. “La pila está sucia porque el grifo del agua sucia todavía no lo hemos cerrado”, ha resumido.

Sanchis ha reclamado inversiones y una presión ciudadana constante para evitar que los problemas de l’Albufera desaparezcan de la agenda cuando dejan de ser noticia. También ha advertido de las dificultades generadas tras la paralización de la depuradora de Alcàsser y ha defendido que la reconstrucción y mejora de estos sistemas requerirá tiempo.

Su planteamiento ha conectado con una de las ideas que más se han repetido durante la jornada: l'Albufera no entiende de fronteras administrativas. El agua no sabe si una competencia corresponde a un ayuntamiento, a la Generalitat o al Estado, y los problemas tampoco. Por eso, ha defendido Sanchis, es necesario trabajar dejando a un lado los colores políticos.

El cambio climático ya está modificando l'Albufera

La calidad del agua no es el único problema. El cambio climático añade nuevas dificultades a un ecosistema que ya llega debilitado a esta década.

El aumento de las temperaturas reduce la concentración de oxígeno en el agua y afecta a las especies. Moliner ha explicado que los cambios en las condiciones de la laguna ya se reflejan en las comunidades de peces, con una transformación de las capturas de especies como la anguila y la lubina y una mayor presencia de otras más adaptadas a aguas turbias y con sedimentos, como la carpa.

También el arrozal está obligado a adaptarse. Las altas temperaturas afectan al cultivo y pueden hacer necesario revisar las técnicas de plantación y producción. Ahí aparece otra de las particularidades de l’Albufera: el arroz es una actividad económica, pero también forma parte del funcionamiento del propio parque.

Rafa Muñoz Soria, profesor de la UNED, ha defendido la necesidad de una “Albufera simbiótica”, en la que agricultores, pescadores, vecinos y otros sectores puedan beneficiarse de un mismo espacio.

Antes de decidir cómo actuar, queda una cuestión de fondo: qué modelo de Albufera se quiere conservar. Moliner ha planteado precisamente la necesidad de decidir qué modelo de laguna se quiere conservar antes de determinar las actuaciones que deben ejecutarse. Porque la Albufera de los romanos no era la misma que la del siglo XV, ni esta era igual a la que conocemos hoy.

El papel protector de l'Albufera en la dana

La dana de octubre de 2024 puso a prueba todo el territorio que rodea l’Albufera y también sirvió para comprobar algo que durante las jornadas se ha repetido en varias ocasiones: el parque natural no solo necesita protección, sino que también protege.

Durante la segunda mesa, dedicada a los efectos de la dana y a la recuperación del parque, la alcaldesa de Catarroja, Lorena Silvent, ha recordado el papel que desempeñaron los arrozales durante la inundación. Los campos ayudaron a absorber y filtrar parte del agua, mientras el sistema de l’Albufera contribuyó a evacuar grandes cantidades.

Catarroja ha recuperado este año el 100% del cultivo del arroz y, desde la dana, se han llevado a cabo trabajos para retirar residuos, recuperar caminos, limpiar las motas, sustituir la caña invasora y realizar actuaciones de dragado. La propia alcaldesa ha señalado que este episodio también ha cambiado la percepción sobre el parque: ahora existe una mayor conciencia de que cada actuación que se realiza en la cuenca acaba teniendo consecuencias sobre l’Albufera.

El presidente de la Mancomunitat de l’Horta Sud, José Francisco Cabanes, ha llevado el debate todavía más atrás. Hace 60 o 70 años, ha recordado, el Port de Catarroja era el centro de la vida de numerosas familias. La relación entre el municipio y la laguna era entonces mucho más estrecha que en la actualidad.

Durante la dana, “L’Albufera absorbió toneladas de agua y de residuos. Cuando en esta parte estaban ahogados, en la otra no llegó nada”, ha señalado Cabanes, reivindicando el papel que desempeñó el parque durante el episodio de octubre de 2024.

Para el presidente de la Mancomunitat, la sociedad mantiene una deuda con este espacio natural. “Estamos en deuda como sociedad con el mayor privilegio que ha tenido esta comarca”, ha afirmado. Una deuda que no se puede saldar con actuaciones puntuales, porque el deterioro acumulado durante décadas tampoco se puede revertir de un día para otro: “Destruirla la destruimos en dos días, pero recuperarla costará muchos años”.

El objetivo no es volver a l’Albufera de antes de la dana

La riada dejó otra enseñanza: no todo lo que había antes de octubre de 2024 merece ser recuperado. L'Albufera que recibió aquella avenida ya arrastraba problemas ambientales que venían de mucho antes.

La técnica de la Oficina de Planificación Hidrológica de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Mamen Regidor, ha descrito la magnitud del episodio como algo "totalmente excepcional" con la entrada de grandes cantidades de agua, sedimentos y residuos en el parque. 

La reconstrucción abre ahora la oportunidad de preparar el territorio para futuros episodios extremos. Entre las actuaciones previstas figuran las relacionadas con el barranco del Poyo, que discurre paralelo al canal de l'Albufera, además de otras medidas incluidas en el Plan de Resiliencia. Regidor también ha destacado el papel que pueden desempeñar los interceptores de Aquamed para mejorar la calidad del agua que llega a la laguna.

En este punto, el director del Parc Natural de l’Albufera, Natxo Lacomba, ha introducido una cuestión de fondo: ¿qué Albufera se quiere recuperar? Porque regresar exactamente al estado anterior a la dana significaría recuperar también un ecosistema que ya tenía problemas. Su planteamiento es otro: regenerar el parque y pensar en el futuro. Para conseguirlo, ha reclamado un objetivo compartido por las distintas administraciones y por los sectores que viven de l’Albufera. Más que coordinar actuaciones aisladas cuando surge una emergencia, se trata de acordar una hoja de ruta común y mantenerla en el tiempo.

Turismo compatible y sostenible

La última mesa ha cambiado el foco hacia el turismo, y de nuevo ha aparecido la misma cuestión: cómo utilizar l’Albufera sin acabar deteriorándola.

Los participantes han defendido que turismo y conservación no son necesariamente incompatibles. La observación de aves, la gastronomía, el arroz, la pesca y las tradiciones pueden formar parte de una oferta turística vinculada al territorio, aunque su desarrollo requiere infraestructuras y una gestión capaz de evitar la presión sobre el parque.

El guía de birding Virgilio Beltrán ha insistido en que si desaparecen los arrozales también se pierde parte del atractivo del parque para los visitantes. El turismo, ha defendido, puede ser una herramienta más dentro de esa rueda económica.

El restaurador y maestro arrocero Raúl Magraner ha reivindicado igualmente la cultura pesquera y gastronómica como parte del patrimonio que se debe preservar.

José María Peris Raga, presidente y agente dinamizador del Club de Producte Port de Catarroja, ha puesto el foco en una realidad llamativa: más de un millón de personas viven en el área metropolitana de Valencia y, aun así, muchas no conocen el Port de Catarroja. Hay, por tanto, margen para dar a conocer mucho más l’Albufera, pero con límites. “No podemos convertir l’Albufera en un Benidorm”, ha advertido.

Una Albufera con diferentes retos

La jornada ha terminado en la Casa Sulema del Port de Catarroja, donde Miquel Ramon Martí Matias, presidente de Vela Llatina Catarroja, arqueólogo e historiador, ha guiado a los participantes por la historia de este espacio.

La visita ha permitido también mirar atrás y comprobar hasta qué punto l’Albufera que conocemos hoy es fruto de millones de años de transformaciones. Una evolución que ha marcado tanto el paisaje como los usos del parque y que ayuda a entender la complejidad de los retos que afronta actualmente.

A lo largo de las tres mesas, el debate ha pasado por la calidad del agua y los vertidos, los recursos hídricos, el futuro de los arrozales y la pesca, el cambio climático, el turismo y la preparación del territorio ante nuevas inundaciones. Problemas distintos que, en las intervenciones de la jornada, han acabado conectados entre sí.

También ha habido coincidencia en la necesidad de que las distintas administraciones y los sectores vinculados al parque compartan una misma dirección. Una idea que ha recorrido las jornadas y que Pere Valenciano ha situado desde la apertura en una pregunta que mira mucho más allá de la dana: qué hay que hacer para que dentro de 20, 30 o 50 años siga existiendo la Albufera que conocemos, o una Albufera todavía mejor.

Sobre el autor

JUDITH CELMA
JUDITH CELMA

Periodista

Ver biografía
Lo más leído