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Caras nuevas en las tiendas de siempre: el relevo del comercio en Gátova

Gátova ejemplifica cómo comercios rurales vuelven a levantar la persiana gracias a quienes llegan de fuera

Jorge Zaldivar
Caras nuevas en las tiendas de siempre: el relevo del comercio en Gátova.
Caras nuevas en las tiendas de siempre: el relevo del comercio en Gátova.

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Son las diez de la mañana del último viernes de octubre. Unas cortinas de hierro —de esas que solo hay en los pueblos— dejan entrever la cotidianidad de Gátova, el pueblo más pequeño del Camp de Túria, donde habitan cerca de 500 habitantes. Detrás de ellas,  una mujer despacha desde el mostrador de su carnicería, como lleva haciendo desde hace décadas. Entre pedidos de chorizos, morcillas, queso y costillas, la conversación avanza a trompicones: entra un cliente, pide su compra, ella pesa, corta, cobra y vuelve a hablar. La vida de la carnicería no se detiene para atender a quienes quieren conocer su historia. Quizá tampoco se ha detenido nunca para ella.

Consuelo, que ha vivido sus 66 años de vida en Gátova, está al frente del establecimiento desde 1998. Según recuerda, la carnicería abrió sus puertas en 1961. Cuando se le pregunta qué ocurrirá cuando se jubile, no deja lugar a dudas: “Se cierra”. Tiene una hija que no vive en el pueblo, no heredará el negocio y que le insiste en que ha llegado el momento de dejarlo. Pero la carnicera todavía no ha fijado una fecha para jubilarse. Según explica, su comercio es mucho más que un trabajo: es su vida. Abre “de domingo a domingo” y así lo hará “mientras pueda”.

En esa respuesta cabe una de las grandes dificultades del comercio rural: mantener un servicio cuando la persona que lo sostiene ya no puede o no quiere seguir. No basta con que el establecimiento tenga historia, clientela o un lugar reconocido en el pueblo. Alguien tiene que ponerse detrás del mostrador cada mañana.

Consuelo lleva toda su vida al frente de la carniceria de Gátova.
Consuelo lleva toda su vida al frente de la carniceria de Gátova. - JORGE ZALDIVAR

La carnicera sabe que su cierre supondrá algo más que perder un lugar donde comprar carne. Durante la conversación lamenta “que se vayan perdiendo las costumbres y lo de siempre”. “La gente de toda la vida del pueblo es la que me compra, la que me hace salir adelante”, añade. Palmira, una vecina que debe superar los 80 años, lo corrobora: “Venimos siempre los mismos. La gente del pueblo nos tenemos que ayudar para que a todos nos pueda ir bien”. Es una manera de explicar lo que desaparece cuando baja la persiana un negocio que lleva tantos años formando parte de la vida cotidiana. Desaparece un vínculo, una seña de identidad y, al fin y al cabo, una forma de entender la convivencia.

De fuera vendrán... y  los comercios de toda la vida regentarán

Pero Gátova, el único pueblo de España que ha cambiado de provincia — de Castellón a Valencia —, también ofrece otra imagen en sus tiendas. Otros dos establecimientos tradicionales del municipio han vuelto a abrir gracias a mujeres que han llegado de fuera y han asumido su gestión. No son negocios recién creados; son comercios con historia que han encontrado nuevas responsables. Tampoco son historias de continuidad familiar, sino de nuevas oportunidades, decisiones personales y aprendizaje.

Mari está al frente de ‘La tienda de las chicas’ desde el 2 de octubre. Es catalana, ha vivido durante años en Bétera y anteriormente regentó un establecimiento en el C.C. El Osito de l’Eliana. Su llegada a Gátova estuvo relacionada con la búsqueda de una vida distinta para su familia y, sobre todo, con la conciliación. Después de años trabajando y de perderse “parte de la infancia de sus hijos” por los horarios laborales, consideró que este rincón de la Serra Calderona era “justo lo que buscaba”.

Mari está al frente de ‘La tienda de las chicas’ desde el 2 de octubre.
Mari está al frente de ‘La tienda de las chicas’ desde el 2 de octubre. - JORGE ZALDIVAR

La tienda ya existía y el año pasado tenía otra propietaria. Mari ha tomado el relevo de un establecimiento “especialmente útil para las personas mayores”. La acogida vecinal fue buena desde el principio: organizó una pequeña inauguración para darse a conocer y se quedó sin buena parte del género que tenía. Incluso los vecinos la ayudaron a conseguir cambio para cobrarles en su primer día.

Pero mantener un comercio en un municipio pequeño también tiene dificultades. Mari señala “la escasez de distribuidores, la dependencia del coche y la falta de locales disponibles”, justificando que Gátova no tiene más comercios “porque no hay más sitios donde ponerlos”. La buena acogida es importante, aunque no basta por sí sola para garantizar la continuidad.

Un horno con 300 años de historia

Margarita, nacida en el barrio valenciano de Beniferri, lleva dos años y medio viviendo en Gátova. A mediados de este pasado octubre ha vuelto a levantar la persiana del horno del pueblo, un establecimiento con unos tres siglos de vida.

Margarita, nacida en el barrio valenciano de Beniferri, lleva dos años y medio viviendo en Gátova.
Margarita, nacida en el barrio valenciano de Beniferri, lleva dos años y medio viviendo en Gátova. - JORGE ZALDIVAR

El horno cerró en julio de 2023 y reabrió en septiembre de ese año, aunque la actividad volvió a interrumpirse meses después. Ahora ella ha recogido el testigo. “Tenía la ilusión de convertirme en empresaria”, afirma sonriente.

El local conserva fotografías de antiguos propietarios y también parte de su memoria. La anterior responsable sigue vinculada al horno y enseña a Margarita recetas tradicionales, recogidas en una libreta familiar. Ya ha aprendido a preparar las tradicionales rosquillas del municipio y otros productos similares.

Para Margarita, el horno también es un espacio de encuentro: “Vienen, hablas con ellos, te cuentan sus cosas, tú las tuya”. En definitiva, un lugar donde compartir y sentirse parte de una comunidad.

El reto de conseguir quedarse

El desafío reside en que aquellas personas que se deciden a abrir un negocio en una zona rural puedan prolongarlo en el tiempo. Es decir, que un comercio no se convierta en una sucesión de personas que se atreven a abrirlo, pero al poco tiempo deciden cerrarlo. Respecto a esto, Mari comenta que “si consigues superar el invierno, te quedas seguro”.

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El estudio ‘El comercio rural en la encrucijada’, publicado por la Universitat de València en 2025, señala el relevo generacional como uno de los principales obstáculos para el futuro del comercio rural. Aún así, la continuidad de los espacios de encuentro tampoco se limita a los negocios privados. En Castellnovo, en el Alto Palancia castellonense, el Ayuntamiento ha sacado a licitación la gestión del bar del Hogar del Jubilado, con ofertas hasta el 16 de noviembre de 2026. La iniciativa busca garantizar el servicio y mantener un lugar de convivencia especialmente importante para las personas mayores. Es otro ejemplo de que sostener la vida cotidiana de un pueblo requiere encontrar quién se haga cargo de sus espacios comunes.

En definitiva, Consuelo representa el riesgo que supone “perder lo tradicional” cuando no hay continuidad en las generaciones sucesivas. En cambio, Mari y Margarita representan la esperanza de que que todavía hay personas dispuestas a levantar una persiana todos los días en un lugar donde no solo vive poca gente, sino que la mayoría son personas mayores. La carnicera Consuelo resiste y aplaza un final que, a priori y según sus palabras, parece escrito; mientras que Mari y Margarita muestran otra posibilidad: personas de fuera que se ponen al frente de negocios tradicionales.

Pero encontrar a alguien dispuesto a continuar es solo el primer paso. ¿Cómo garantizar entonces que estos servicios esenciales sigan funcionando? El estudio mencionado de la Universitat de València plantea fórmulas como los comercios multiservicio, las cooperativas, la colaboración entre establecimientos, las plataformas de distribución comarcal o los servicios de reparto y puntos de recogida. También apunta a la importancia de adaptar las ayudas y las iniciativas a las necesidades reales de cada municipio. Al fin y al cabo, la solución no es única.

Lo que sí es seguro es que preservar una tienda, una carnicería o un horno no significa únicamente conservar un lugar donde comprar; significa mantener servicios básicos y espacios de encuentro que forman parte de la vida cotidiana. El reto es que las nuevas caras de estos comercios puedan echar raíces y prolongar sus proyectos en el tiempo.

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Jorge Zaldivar
JORGE ZALDIVAR

PERIODISTA

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