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Alerta en Valencia. La práctica del chemsex, entendida como el consumo de sustancias psicoactivas para mantener relaciones sexuales, especialmente entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH), ha experimentado un importante aumento en los últimos años. Así lo asegura la psicóloga y sexóloga Tina Belando, quien advierte de que el perfil de las personas que llegan a consulta presenta una gravedad creciente desde el final de la pandemia.
Belando explica que sus primeras intervenciones relacionadas con esta práctica se produjeron poco antes del confinamiento, cuando los casos eran todavía esporádicos. Sin embargo, tras la desescalada, la situación cambió de forma notable. “Las personas que he ido atendiendo han aumentado exponencialmente, no solo en número, sino también en la gravedad del cuadro que presentan”, afirma. Los síntomas más extendidos son cuadros psicóticos, adicciones severas e intentos de suicidio. Hasta tres casos de personas fallecidas en los últimos meses.
La especialista matiza que no todas las personas que practican chemsex desarrollan una adicción o presentan problemas de salud mental, del mismo modo que ocurre con cualquier otro consumo de drogas. No obstante, advierte de que quienes llegan a consulta suelen encontrarse en una situación de extrema vulnerabilidad.
“La sustancia que consumen, generalmente alfa, tiene una capacidad adictiva muy alta y unas implicaciones a nivel de salud mental muy graves”, señala. Según explica, atiende a pacientes con sintomatología psicótica, brotes asociados al consumo, estados depresivos severos, ansiedad intensa e incluso ideación suicida. “Entran en una espiral donde solo queda la sustancia y, en algunos casos, el sexo, totalmente vinculado a ese contexto”, añade.
Belando también destaca que el consumo suele ir acompañado de otras drogas como GHB, mefedrona o cocaína, aunque el denominado “alfa”, consumido fumado o inyectado, se ha convertido en la sustancia predominante. Además, advierte del aumento del slam —el consumo por vía intravenosa—, una práctica que incrementa tanto el riesgo de complicaciones médicas como el potencial adictivo, ha destacado a El Periódico de Aquí.
Asimismo, la psicóloga considera que las noticias sobre fallecimientos o detenciones de traficantes reflejan únicamente una parte del problema. “Mi sensación es que eso es solo la punta del iceberg”, asegura. En consulta, relata, son frecuentes los casos de personas que han sufrido cuadros psicóticos graves, situaciones de abuso sexual y violencia, conflictos familiares y laborales o intentos de suicidio. “Sobre todo llegan historias de personas que quieren abandonar el consumo y no encuentran recursos públicos donde se les atienda como necesitan en esos momentos de gran vulnerabilidad”, lamenta en declaraciones a este periódico.
A su juicio, la respuesta sanitaria no puede limitarse al tratamiento de la adicción. “No es suficiente atender solamente el consumo; hay que trabajar la sexualidad, la identidad, la gestión emocional, el autoconcepto, la homofobia internalizada, la serofobia o las relaciones afectivo-sexuales”, explica. Por ello, defiende una atención multidisciplinar en la que participen profesionales de la psicología, la psiquiatría, la sexología, el trabajo y la educación social.
+ información - miedo
Junto a la intervención asistencial, Belando insiste en la necesidad de reforzar la prevención mediante campañas basadas en la información y no en el miedo. “Hay que dar a conocer las implicaciones de estas sustancias sin juicio y ofrecer alternativas de ocio saludables para un colectivo que, en muchos casos, arrastra experiencias de violencia y discriminación desde la infancia por su orientación sexual”, sostiene
La psicóloga finaliza, en declaraciones a El Periódico de Aquí, con un llamamiento a las administraciones para ampliar los recursos especializados que necesitan los pacientes. Según indica, las entidades sociales que trabajan con personas con adicciones y con el colectivo LGTBI llevan tiempo alertando del problema. “Parece que llegamos tarde a una situación que afecta cada vez a más personas”, concluye Tina Belando.
Testimonio de Antonio: ''Sanar tu árbol de la vida''
Antonio es de Valencia y quiere contar su testimonio: ‘‘La adicción al chemsex ya estaba afectando seriamente las distintas parcelas de mi vida. Contaminaba
mi existencia con sustancias (casi exclusivamente Alfa) y con comportamientos propios de esta
adicción altamente tóxicos y peligrosos para mi integridad que no hacían sino empeorar mi situación.
Me sentía como un árbol afectado por una grave enfermedad que ve morir sus ramas y hojas, sin
remedio. Y del mismo modo que ese árbol precisa un tratamiento, entendí que mi voluntad y mis
propios recursos ya no servían para salvarme. Busqué ayuda.
Como el árbol, he necesitado abandonarme al tratamiento y confiar en los profesionales: mis terapeutas, su acompañamiento, su conocimiento y las herramientas que me han
brindado; también he confiado en los grupos de apoyo, donde he encontrado amigos e historias
similares. Como el árbol, he necesitado una poda sanitaria, he tenido que ser honesto y amputar lo que
fuera necesario para que la enfermedad no avanzara: aplicaciones, contactos, contextos sociales,
relaciones sexuales insanas. Como el árbol, he necesitado un tronco sólido que me mantuviera en pie:
mi red de apoyo formada por amigos y familiares, a quienes ceder libertades y entregarme para
sentirme cuidado, sostenido y amado. Como el árbol, he sufrido en el camino recaídas que han servido
para reforzar mi tratamiento y continuar sanando.
Mi proceso de recuperación ha consistido (y consiste aún) en revisar mis raíces y la forma en
que se habían arraigado a la tierra a través de mi propia historia, enmarcada en mi contexto social
como hombre homosexua. El objetivo: comprenderme, desaprender y aprender a anclarme a la vida de
un modo más sano. Mi proceso ha consistido en reconducir la forma de relacionarme con los demás,
de abordar mi sexualidad, de construir mi autoestima, de gestionar mis emociones. He tenido
que apartar los nutrientes tóxicos, que siempre me sirvieron para lidiar con emociones y situaciones
incómodas, y he tenido que aprender a alimentarme de otros que me hicieran crecer fuerte y sano,
para no volver a enfermar ante los contratiempos de la vida. Hoy, tras año y medio sin consumo, siento que en determinadas situaciones soy vulnerable, que el
monstruo de la adicción al chemsex siempre acecha, que puede estar latente esperando el momento
de surgir y tomar mi vida. A pesar de ello, hoy también siento que tengo las herramientas suficientes
para luchar contra ello y para seguir trabajando en reconstruir mi yo y mi lugar en el mundo, desde la
autocompasión y la comprensión hacia el niño, adolescente, joven y adulto heridos. En definitiva, mi
proceso de sanación siempre se ha basado en saber quererme, en cuidarme y en aprender a vivir, y
afortunadamente no he tenido que enfrentarlo solo’’.