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Azorín, periodista y algo más. Una aventura valenciana ( y III)

Imagen en la sede de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana que acompaña el artículo sobre la vida y el periodismo de Azorín.
Imagen en la sede de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana que acompaña el artículo sobre la vida y el periodismo de Azorín.

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La vida de Azorín en Madrid.

El joven periodista José Martínez Ruiz, el 25 de noviembre 1896 llega a Madrid en tren, en coche de tercera, decidido a triunfar en la república de las letras y como todos los jóvenes del 98 con la convicción profunda de “ir a Madrid y triunfar en Madrid”; ha roto momentáneamente con su familia y hará frente a cuantos sacrificios y sinsabores le depare la nueva situación.

Se establece en Madrid donde colaboró en periódicos y revistas, fue crítico literario y traductor. Sus primeros años de vida literaria estuvieron marcados por el esfuerzo, la lucha contra la desatención y, en ocasiones, la hostilidad. Colaboró en periódicos republicanos - El País, El Progreso -, en otros de mayor importancia y difusión - El Imparcial. Luego, durante muchos años, en ABC y La Vanguardia, Diario de Barcelona y en revistas como: - Revista Nueva, Juventud, Arte Joven, Alma Española y España -, en el Diario de la Marina de La Habana y otras publicaciones hispanoamericanas.

Las Redacciones “de” o “en” los periódicos.

En el libro Madrid de Azorín, también publicado en el año 1941, recién acabada la guerra civil española, donde nos confiesa Azorín que:

“Cual en Valencia fue maestro mío en periodismo don Francisco Castell, en Madrid lo ha sido Troyano, Ortega Munilla y Luca de Tena”.

Manuel Troyano era el director del periódico España, José Ortega Munilla dirigía El Imparcial, y Torcuato Luca de Tena era director del ABC. Azorín define a los tres de un simple trazo:

Don Manuel Troyano era la reflexión sosegada. Don José Ortega Munilla, la generosidad y la intuición rápida. Don Torcuato Luca de Tena, el ímpetu generoso”.

Fue en el diario España, dirigido por Manuel Troyano, cuando el 28 de enero de 1904, firmando unas “Impresiones parlamentarias”, estrenó y adoptó José Martínez Ruiz el pseudónimo de “Azorín”, conviene saber que Azorín es un apellido muy común en Yecla (Murcia), nuestro autor lo utilizará de ahora en adelante, y ya para siempre, pues le satisface “por lo eufónico y breve”.

Los pseudónimos que José Martínez Ruiz ha ido adoptando son varios: Ahrimán en el semanario El Pueblo; con el pseudónimo Cándido firma la publicación de 22 páginas que contiene su disertación en el Ateneo Valenciano, titulada La crítica literaria en España, conferencia que pronunció el 4 de febrero de 1893, tenía a la sazón 20 años. Con el pseudónimo Don Abbondio, firma la crítica teatral en la revista Bellas Artes de Valencia. En el ámbito local utilizó los pseudónimos Fray José en la Educación católica, Petrel y Juan de Lis en El defensor de Yecla, escribió también en El eco de Monóvar.

En el capítulo cuarto de su libro Madrid titula nuestro autor Las Redacciones, refiriéndose a las redacciones, en concreto a las salas de reunión, que existían en los periódicos, y nos dice a este propósito que:

La idea de las Redacciones suscita en mí la sensación -sensación pasada- de subir escalera. He pertenecido en Madrid a varias Redacciones. La Redacción está en el piso principal. He escrito ya mi artículo durante el día. En el trabajo, solo en mi cuarto, he puesto fervor. Puedo decirme a mí mismo que estoy satisfecho. Y por la noche, a primera hora, me encamino a la Redacción. Con calma, llevando en el bolsillo interior de la americana el artículo, voy subiendo las escaleras. Como se trata del primer piso, las escaleras no son muchas. Pero en esos pocos momentos, bajo los resplandores de las lámparas que iluminan la escalera, siento que se expande voluptuosamente toda mi personalidad. Al otro día, una partecilla de esa personalidad será comunicada, con mi artículo, a millares y millares de lectores.

En las Redacciones hay una mesa larga. Heme sentado a esa mesa común en incontables noches de trabajo, y me he sentado ante las mesitas autónomas. En las redacciones el escritor, escritor innato, deja algo y saca algo. Deja las adherencias superfluas y saca la limpieza del estilo. Como hay que escribir rápidamente, sobre la marcha, pasada la media noche, en tanto que las máquinas marchan ya, se apartan los arrequives impertinentes y se escribe de un modo rápido y directo. En las redacciones -escuela de buen estilo- he trabajado yo mucho de madrugada”. 

Los pupilajes en que se hospedó Azorín.

Azorín al salir de la casa familiar de Monóvar tuvo hospedarse en dos ciudades principalmente: Valencia y Madrid. Hubo de alojarse forzosamente en casas de huéspedes o pupilajes, lo que supone una experiencia nueva, siempre intensa, a veces desconcertante, extraña, y siempre infinitamente solitaria.

Rememorando ahora su vida anterior, su etapa valenciana lo hace en su libro Valencia (1941), libro del que Pedro Laín Entralgo ha calificado como:

Uno de los más bellos libros de prosa de nuestro siglo: Valencia de Azorín.

Recuerda Azorín los pupilajes valencianos:

Lo que es nosotros -el grupo de compañeros- éramos movedizos hasta no más. En meses recorrimos seis u ocho pupilajes. Saltábamos de una parte a otra como pájaros […] Las casas de huéspedes tenían su faz especial. No todas las casas pueden ser casas de huéspedes. Había cuartos como incrustados unos en otros. Para entrar en uno, había que pasar por dos o tres. El papel de las paredes se desprendía a veces en grandes fragmentos, y en el pavimento sonaban, al pisarlos algunos ladrillos sueltos. Pero, ¿y nuestra alegría? ¿Y nuestro afán de vivir? ¿Y nuestra despreocupación? Pagábamos ocho reales diarios por cama, desayuno, comida y cena. Había pupilajes todavía más arreglados: las casas de huéspedes de seis reales   He olvidado un pormenor curioso. Ese detalle flota, indestructible, perenne, sobre la imagen de las casas de huéspedes. Las mesillas de   noche tenían, en todas partes, el tablero de madera con quemaduras, sin duda de fósforos o cigarrillos allí dejados descuidadamente. Y al abrir el cajón -y esto es lo esencial- se exhalaba en todas partes, invariablemente, como el sino fatal del pupilaje, un fuerte olor a yodoformo.   (Valencia de Azorín).

En otro capítulo de su libro Madrid, titula así mismo Los pupilajes para contarnos  que:

He vivido en Madrid en incontables pupilajes. Los pupilajes, casas de pupilos, o casas de huéspedes -ahora se llaman todas pensiones- se dividen en las dos categorías que expresa la fórmula abreviada de con y sin, es decir, con asistencia o sin ella, o sea, comiendo en la casa siendo asistido con los yantares, o sin comer. Y todavía se puede establecer otra distinción: casas en que se admite un caballero solo, y casas en que se recibe a todos. Los restaurantes, bodegones, figones y casas de estado son anejo ineludible de los pupilajes sin asistencia. A menos que a tal o cual huésped no le suceda -por tiempo más o menos largo- lo que me aconteció a mí y se verá más adelante. La denominación de casa de estado, usada por los clásicos, ya no se emplea. Y es lástima, porque el término es bonito. Comer en una casa de estado limpia y donde guisen bien debe ser cosa agradable. En general, las familias que, por accidentes de la vida, han venido a menos, son las que alquilan una habitación a un caballero solo. Solo y respetable. Con lo que tributa el huésped remedian decorosamente esas familias su callada estrechez […] He vivido yo en pupilajes de caballero solo y en pupilajes en común y de vivir bullicioso y jaranero. En soledad completa, propicia a la meditación, y en compañía de pandillas estudiantiles, inclinadas siempre a travesuras. He vivido en la calle de Jacometrezo, en la calle de la Aduana, en la calle Relatores, en la calle del Carmen, en la calle de la Ballesta… No sé en cuántas calles más.

El cuartito…

Sí, el cuartito, nos referimos al cuartito o habitación, de todas esas casas en que se hospedan estudiantes u otras personas durante un tiempo. Son cuartitos pequeños, con solo una mesa, una silla y un pequeño armario, en una casa de huéspedes de una gran ciudad. En estos cuartitos comenzó a escribir sus artículos el joven periodista José Martínez Ruiz, solo consigo mismo, con poca luz, pero con ilusión, el cuartito era su pequeño espacio de creación, así dice: Tener un cuartito limpio, un mazo de cuartillas, tinta y pluma y poder escribir. (extraído del capítulo 14 del libro Madrid).

He escrito ya mi artículo durante el día. En el trabajo, solo en mi cuarto, he puesto fervor. Puedo decirme a mí mismo que estoy satisfecho. Y por la noche, a primera hora, me encamino a la Redacción. Con calma, llevando en el bolsillo interior de la americana el artículo, voy subiendo las escaleras. (Del libro Madrid. Azorín 1941).

En otro libro suyo La ruta de don Quijote (1905), también menciona Azorín su actividad en el cuartito:

Ahora, aquí en la posada del buen Híginio Mascaraque, yo he entrado en un cuartito pequeño, sin ventanas, y me he puesto a escribir, a la luz de una bujía estas cuartillas.

El trabajo periodístico de Azorín.

En su libro Madrid (1941) expone que:

Había yo entrado ya en el engranaje del periodismo, y en él había de perdurar, con fortuna próspera o adversa, durante cerca de medio siglo. Pero, periodista ya militante, mi vida era solitaria y esquiva. Iba por las noches, a prima hora, a la Redacción, antes que nadie fuera, y me retiraba pasada la media noche, casi a la madrugada, A la Redacción llevaba ya escrito el artículo, y en la Redacción, sentado ante la larga mesa común, escribía notas, ampliaba telegramas, redactaba comentarios del momento. Y durante el día solo en mis divagaciones por Madrid, o en mis paseos por el Retiro. Nadie pudo sospechar, ni en la Redacción ni en parte alguna -no la delataba mi actitud- la dura prueba por la que pasé unos días. He guardado mucho tiempo -no sé cómo ni cuándo lo perdí- un calendario, calendario del famoso y perdurable don Mariano Castillo y Ocsiero, en el que había señalado yo los días, para mí harto memorables, en que no tuve más nutrimento que el siguiente: un panecillo por la mañana y otro al anochecer. El panecito, pan francés, buen pan, esponjoso y blanco, fofo, como dice Guevara en su Menosprecio de Corte, que debe ser el buen pan. El panecito, digo, me constaba diez céntimos. Con veinte céntimos al día hacía yo mi comida. Que pruebe ahora cualquier principiante literario hacer lo mismo. Y, sin duda, desde entonces, tengo vivo afecto por el pan. Evoco ahora todos los nombres, tan españoles, del pan de España: hogaza, mollete, rosca, libreta, telera, morena, oblada, bodigo, zatico, cantero, corrusco, pan leudado, o con levadura, o leuda, pan ácimo o cenceño, sin levadura, pan pintado, en fin, pan con adornos o dibujos trazados con la pintadera. Y si hay pan blanquísimo, pan de candeal, también hay pan sustancioso, pan moreno, bazo o prieto. Duró el severo régimen veinte días consecutivos”. (Cap. 3. De Madrid).

En 1902 se estrenó Azorín como cronista parlamentario, labor que desarrollará hasta 1923, publicando cerca de 900 artículos. Retrata el funcionamiento del Parlamento, su letra menuda, sus personajes y personajillos. Para el hispanista estadounidense Edward Inman Fox:

Azorín es el cronista más importante de la vida política española durante las dos primeras décadas del siglo XX.

Las obras de Azorín:

Es imprescindible mencionar el fruto del esforzado trabajo del gran escritor Azorín, han sido largos años de labor, miles de artículos, algunos ahora reunidos en libros y para un conocimiento panorámico de su autor, haremos un somero recorrido:

El alma castellana (1900), Diario de un enfermo (1901), La fuerza del amor (1901), La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903), Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), La ruta de don Quijote (1905), Los pueblos (1905), El Político (1908), España (1909); La Cierva (1910); Lecturas españolas (1912); Castilla (1912); Clásicos y modernos (1913); Los valores literarios (1914); Un discurso de La Cierva (1914); Al margen de los clásicos (1915); Tomás de Rueda (1915); Rivas y Larra (1916); Un pueblecito (Riofrío de Ávila) (1916); Parlamentarismo español (1916); Entre España y Francia (1917); El paisaje de España visto por los españoles (1917); Madrid. Guía Sentimental (1918); Fantasías y devaneos (1920); Los dos Luíses y otros ensayos (1920); De Granada a Castelar (1922); Don Juan (1922); El chirrión de los políticos (1923); Racine y Molière (1924); Una hora de España Entre 1560-1570. (1924); Los Quinteros y otras páginas (1925); Doña Inés (1925); Old Spain (1926); Brandy, mucho brandy (1927); Lo invisible de “Doctor Death, de 3 a 5””El segador”, “La arañita en el espejo” (1927); Comedia del arte (1927); El clamor (1928); Félix Vargas (1928); Blanco en azul (1929); Superrealismo (1929); Pueblo (1930); Cervantes o la casa encantada (1931); Lope en silueta (1935); La guerrilla (1936); Españoles en París (1939); En torno a José Hernández (1939); Pensando en España (1940); Valencia (1941); Madrid (1941); El escritor (1942); El enfermo (1942); Capricho (1943); Sintiendo a España (1942); Farsa docente (1942); La isla sin aurora (1944); María Fontán (1944); Salvador Olbena (1944); Tiempos y cosas (1944), París (1945); Leyendo a los poetas (1945), Los clásicos redivivos. Los clásicos futuros (1945), La farándula (1945), Memorias inmemoriales (1946); Ante Baroja (1946); Escena y sala (1947); Ante las candilejas (1947); Con permiso de los cervantistas (1948); Con bandera de Francia (1950); La cabeza de Castilla (1950); El cine y el momento (1953); El efímero cine (1955); El pasado (1955); Agenda (1959); Posdata (1959); Ejercicios de castellano (1960).

Ángel Cruz Rueda en el período entre 1947 a 1955 preparó, ordenó y publicó nueve tomos de Obras completas de Azorín, en la editorial Aguilar.

El 4 de febrero de 1965 publica su último artículo en el diario ABC.

Tras ochenta años escribiendo sin cesar, Azorín dejo tras de sí una estela de cientos de novelas, ensayos, cuentos, conferencias, artículos y obras de teatro. Se le atribuyen 5000 artículos escritos a lo largo de toda su vida. Muestra esta, de su gran trabajo, esfuerzo, generosidad y enorme talento. Son numerosas las personalidades que han elogiado con fuerza la figura literaria de Azorín, nos quedamos nosotros solo con una, la de Gregorio Marañón que afirma: La literatura española se divide en antes de Cervantes y después de Cervantes y antes de Azorín y después de Azorín.

Distinciones que el Ayuntamiento de Valencia otorgó a Azorín:

En octubre de 1932, el Ayuntamiento de Valencia da su nombre a una de sus más hermosas calles, la calle llamada Literato Azorín.

En el mes de enero de 1964, el Alcalde de Valencia, el Gobernador y el Presidente de la Diputación, le hicieron entrega del título de Hijo Adoptivo de Valencia.

Otras distinciones a Azorín:

En 1917 nominado Hijo Predilecto de Monòver.

En 1924 elegido académico de la Real Academia Española.

En 1946 recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica.

En 1956 fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio.

En 1958 la Fundación March le concede el premio de Literatura, dotado con medio millón de pesetas.

Bibliografía:

Azorín. Valencia. Ed. Biblioteca nueva. Madrid. 1995.

Azorín. Madrid. Ed. Biblioteca nueva Madrid. 2017.

Azorín. Las confesiones de un pequeño filósofo. Ed.Planeta.2023.

Azorín. Castilla. Edición Inman Fox. Ed. Espasa. 2014.

Azorín. La ruta de don Quijote. Edición Diputación de Alicante. 2017.

Sobre el autor

FRANCISCO ROGER GARZÓN
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