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BIOPARC Valencia inicia una nueva etapa en su compromiso con la conservación del leopardo, el félido con la distribución más amplia del planeta y, pese a ello, una especie en grave peligro de extinción. El parque valenciano refuerza así su participación en los programas internacionales de preservación científica de este animal.
Desde su apertura, hace dieciocho años, BIOPARC ha albergado esta especie emblemática y ha afrontado en los últimos tiempos las pérdidas por edad avanzada de Inés, Mamba y, el pasado mes de mayo, Negombo. Siguiendo las recomendaciones del Programa de Conservación de Especies Amenazadas (EEP) de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), el parque centra ahora sus esfuerzos en el leopardo persa (Panthera pardus saxicolor), del que ha llegado recientemente un macho de tres años procedente del zoo húngaro de Miskolc.
Dos subespecies a la vez, un hecho extraordinario
Paralelamente, BIOPARC ha recibido una hembra de ocho años de leopardo de Sri Lanka (Panthera pardus kotiya), procedente de Terra Natura Murcia, que permanecerá de forma temporal como parte de la coordinación con el EEP. Según el parque, la coincidencia de estas dos subespecies distintas en las mismas instalaciones es un hecho extraordinario para los visitantes.
Por criterios técnicos de diversidad genética, ambos animales deben mantenerse separados y alternan su salida al recinto exterior. El equipo de biología de BIOPARC ha puesto en marcha un protocolo especial de bienestar, y los dos leopardos siguen un proceso de adaptación a su propio ritmo, familiarizándose de forma progresiva con los espacios interiores, las zonas visibles al público y las personas responsables de su cuidado diario.

Un proceso que requiere tiempo
El parque advierte de que este periodo exige tiempo, atención específica y observación continua, por lo que la presencia de los animales en las zonas visibles puede variar según su evolución. Respetar sus circunstancias y ofrecerles capacidad de elección son, según BIOPARC, aspectos esenciales de su modelo de bienestar animal.
Para el parque, contemplar de cerca al leopardo es también una oportunidad para comprender su fragilidad y despertar una emoción que se transforme en empatía, respeto y voluntad de defender la biodiversidad. La actividad conservacionista se completa en origen a través de la Fundación BIOPARC, que colabora con la Big Life Foundation en el Parque Nacional del Gran Amboseli, entre Kenia y Tanzania.