Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Durante siglos se ha repetido que Valencia también tuvo brujas condenadas a la hoguera. Sin embargo, cuando se examinan los documentos de la Inquisición, la realidad resulta mucho más inquietante. Los archivos hablan de hechiceras, confesiones diabólicas, azotes y destierros, pero guardan un llamativo silencio sobre las ejecuciones. ¿Ocultan un secreto o simplemente nunca existieron?
La imagen de las brujas ardiendo en la hoguera forma parte del imaginario colectivo europeo. Sin embargo, en el antiguo Reino de Valencia la realidad histórica fue mucho más compleja. Desde la creación de la Inquisición, a finales del siglo XV, hasta su abolición en 1834, el tribunal de Valencia procesó a cientos de personas por superstición, hechicería y brujería. Lo llamativo es que, frente a la brutal persecución registrada en Centroeuropa o en algunas regiones del norte de la Península, los inquisidores valencianos tendieron a castigar estas prácticas con penas que buscaban corregir al acusado antes que eliminarlo físicamente.
Entre 1540 y 1700 se documentan 337 personas procesadas por hechicería dentro del distrito inquisitorial valenciano. Durante el siglo XVIII continuaron las denuncias por maleficios, adivinación, curanderismo o pactos diabólicos, aunque las condenas más frecuentes fueron abjuraciones públicas, azotes, destierros o prisión. La hoguera, tan presente en el imaginario popular, apenas aparece en la documentación conocida.
Si ampliamos la mirada al distrito inquisitorial de Valencia, cuya jurisdicción comprendía también Teruel, surge una pista reveladora. Los estudios sobre la brujería en España documentan seis causas especialmente graves entre 1478 y 1530. Una de ellas corresponde a una mujer juzgada en Teruel en 1484 que fue relajada al brazo secular, es decir, entregada por la Inquisición a la justicia civil para ejecutar la pena capital, generalmente mediante la hoguera. Es la prueba más sólida de una ejecución por brujería dentro del territorio jurisdiccional del tribunal valenciano, aunque no ocurrió en la ciudad de Valencia.
La acusada más conocida fue Esperança Badia, denunciada en 1655 junto a otras treinta y nueve personas por participar, supuestamente, en reuniones nocturnas donde se practicaban encantamientos, filtros amorosos y ritos considerados diabólicos. Con el paso del tiempo surgió la leyenda de las «cuarenta brujas quemadas», repetida incluso en algunas publicaciones. Sin embargo, los documentos conservados cuentan una historia muy diferente. Ninguno de los procesados fue condenado a muerte. Las penas consistieron en azotes, destierros y exposición pública, desmontando uno de los mitos más persistentes de la brujería valenciana.
Todavía más sorprendente resulta el expediente de Josefa Transit, procesada a comienzos del siglo XVIII. A diferencia de la mayoría de los acusados, ella misma se declaró bruja ante el Santo Oficio y afirmó participar en vuelos nocturnos, mantener pactos con el demonio y entrar en las casas atravesando puertas y paredes. Hoy sabemos que aquellas confesiones reflejan el profundo peso de las creencias demonológicas de la época y la presión psicológica ejercida durante los interrogatorios. Aunque inicialmente se propusieron duras penas, se revisó la sentencia y Josefa nunca fue condenada a muerte.
Otro expediente rodeado de incógnitas es el de María Gozálvez, acusada de embrujar a una niña de doce años y recluida en la prisión de San Narciso, junto al puente de la Trinidad. A partir de ese momento, su rastro prácticamente desaparece de la documentación. Algunas obras divulgativas sostienen que pudo acabar en la hoguera, pero ningún documento conocido confirma esa posibilidad. Su destino continúa siendo un pequeño enigma histórico.
Quizá ahí resida el verdadero misterio. Los archivos valencianos conservan cientos de procesos inquisitoriales, pero ninguno demuestra de forma concluyente que las últimas brujas de la ciudad de Valencia fueran ejecutadas. Hubo miedo, superstición, denuncias y castigos. Hubo mujeres marcadas para siempre por la sospecha de servir al demonio. Sin embargo, la gran hoguera que la tradición popular sitúa en Valencia permanece oculta entre las sombras de la historia. Tal vez nunca existió. O quizá, entre los miles de legajos que todavía esperan ser estudiados, continúe dormido el documento capaz de cambiar para siempre lo que creemos saber sobre las últimas brujas valencianas.