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Valencia funciona como una metrópoli, pero sin instrumentos para gobernarse como tal. Es la tesis que ha defendido el catedrático emérito de Economía de la Universitat de València, Joan Romero, en la quinta conferencia del ciclo que organizan Cajamar y el Ivie, celebrada en la Facultat d’Economia.
El área metropolitana de Valencia reúne a casi 2 millones de habitantes, el 43% de la población de la Comunitat Valenciana, y acoge a buena parte de las empresas de la provincia. Aun así, según Romero, “el grado de descoordinación entre administraciones con competencias en el mismo territorio, que es insostenible, hace perder oportunidades y resta coherencia, eficacia, eficiencia e impulso a muchas políticas públicas”.

Una anomalía en Europa
Romero ha defendido que las grandes concentraciones de población se gestionen de forma metropolitana, como ya ocurre en la mayor parte de Europa. Ha puesto como ejemplo áreas coordinadas de Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Portugal y Polonia. “España no es ninguna excepción en cuanto a la realidad metropolitana, pero sí es una anomalía en el contexto europeo”, ha señalado.
En España, el área metropolitana de Barcelona es la única creada hasta ahora. Bilbao, Tarragona y Málaga han puesto en marcha algunas actuaciones metropolitanas, pero la gestión con una mirada territorial amplia es muy limitada.
En el caso de Valencia, una metrópoli de más de 70 municipios, Romero ha apuntado a “la desconfianza y resistencia a ceder (o asumir) competencias” de las administraciones local, autonómica y estatal. Esa actitud, según el catedrático, impide la coordinación y la cooperación deseables.
La dana, ejemplo de descoordinación
“En Valencia tenemos metrópolis, pero carecemos de la mirada metropolitana y de instrumentos de gobernanza metropolitanos, lo que provoca un gran desajuste entre procesos y estructuras administrativas”, ha recalcado. Como ejemplo, ha citado los planes de reconstrucción de la dana, que a su juicio se han planteado “por separado, sin visión metropolitana, sin escenarios de medio plazo y con anuncios que comprometen futuras políticas”.
Según Romero, en un territorio especialmente vulnerable al cambio climático, las políticas diseñadas a escala metropolitana serían más eficaces y eficientes. También mejorarían la movilidad, con un transporte público que supere el ámbito local, el planeamiento urbano y el acceso a una vivienda asequible.
Qué debería recoger el plan
“La escala metropolitana debe formar parte de la geografía política y administrativa en España”, ha afirmado. Por ello, ha reclamado un plan metropolitano vinculante para el área de Valencia, basado en datos sólidos y buenos diagnósticos. El plan debería:
- Delimitar el Área Urbana Integrada.
- Analizar los efectos del cambio climático y el riesgo de inundación.
- Estudiar la población, los mercados de trabajo y los usos del territorio.
- Ordenar el territorio, el urbanismo y la vivienda.
- Contemplar las infraestructuras de transporte, la gestión de emergencias, los servicios sociosanitarios y los suministros críticos de agua, energía y datos.
- Garantizar la gestión de residuos y la protección de l’Horta, l’Albufera, otros espacios naturales y el patrimonio cultural.
- Incluir una metodología de participación ciudadana.
Un ciclo que se despide con el agua
La sesión ha sido inaugurada por Ignacio Gurrea, director de Negocio de la Dirección Territorial de Cajamar en Valencia, y por Joaquín Maudos, director adjunto de Investigación del Ivie y catedrático de la Universitat de València. Con esta charla se retoma el segundo ciclo de conferencias de Cajamar y el Ivie en Valencia, que arrancó a principios de año. El ciclo concluirá con una última conferencia sobre la gestión del agua en la Comunitat Valenciana, que se celebrará antes de que acabe el año.