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El futuro urbanístico de Benimaclet empieza a despejarse después de más de dos décadas de tramitación, negociaciones y controversia vecinal. El pleno del Ayuntamiento de Valencia ha aprobado este viernes, con los votos favorables de PP y Vox y el rechazo de PSPV y Compromís, el Programa de Actuación Integrada (PAI) que permitirá desarrollar una de las mayores bolsas de suelo pendientes de la ciudad. El proyecto contempla 1.345 nuevas viviendas en una superficie de 268.142 metros cuadrados, situada entre el barrio y la Ronda Norte, aunque su aprobación no ha conseguido cerrar el debate sobre cómo debe crecer Benimaclet sin perder su relación con la huerta.
La actuación transformará considerablemente esta parte de la ciudad. Además de los edificios residenciales, el planeamiento incluye cerca de 70.000 metros cuadrados de zonas verdes, espacios para equipamientos públicos y nuevas conexiones peatonales. El gobierno municipal defiende que el desarrollo contribuirá a incrementar la oferta de vivienda en Valencia, mientras que asociaciones vecinales y partidos de la oposición consideran que la propuesta concede demasiado protagonismo a la construcción privada.
La discusión se ha trasladado al propio salón de plenos, donde representantes de diferentes entidades sociales han intervenido antes de la votación para mostrar su desacuerdo con el proyecto. Los colectivos critican que no se hayan atendido suficientemente las necesidades del barrio y advierten de las consecuencias que la urbanización puede tener sobre el paisaje agrícola y la vida comunitaria.
¿Cuántas viviendas serán realmente públicas?
Uno de los principales puntos de discrepancia está en las cifras de vivienda protegida. De las 1.345 viviendas previstas, 403 tendrán algún régimen de protección pública. Además, el Ayuntamiento ha reservado cerca de 20.000 metros cuadrados de suelo dotacional con capacidad estimada para levantar otras 300 viviendas destinadas al alquiler asequible para menores de 45 años.

El gobierno municipal presenta ambas previsiones como una oferta conjunta de alrededor de 700 viviendas protegidas y dotacionales. Sin embargo, existe una diferencia importante: las 300 viviendas dotacionales son una posibilidad vinculada al desarrollo posterior de los terrenos reservados, por lo que su construcción no queda garantizada automáticamente con la aprobación del PAI.
La oposición cuestiona precisamente el peso que tendrá la vivienda asequible en la transformación del barrio.
El concejal de Urbanismo, Juan Giner, ha defendido que el proyecto responde a las necesidades residenciales de la ciudad y permite ordenar el espacio entre las zonas ya urbanizadas y la huerta. "Hoy es un día positivo para Benimaclet y para València", ha asegurado.
Según el edil, el planeamiento también recoge propuestas vecinales, como la incorporación de huertos urbanos y la prolongación peatonal de la avenida Valladolid, además de garantizar suelo para equipamientos educativos y otros servicios públicos.
La oposición cuestiona el modelo urbanístico
La portavoz de Compromís, Papi Robles, ha lamentado que el Ayuntamiento haya perdido la oportunidad de impulsar un desarrollo más integrado en el barrio. A su juicio, durante la negociación "ha faltado diálogo y no se ha tenido en cuenta la transición amable entre la ciudad y la huerta".
La coalición valencianista considera que las nuevas viviendas no responden suficientemente a las necesidades de los actuales residentes y reclama un modelo que preserve mejor la identidad de Benimaclet.
También ha rechazado el proyecto el portavoz socialista, Borja Sanjuan, quien sostiene que el planeamiento "no va a resolver el problema de la vivienda en València". El PSPV critica que el porcentaje de viviendas protegidas sea insuficiente y considera que el gobierno de María José Catalá ha priorizado la promoción privada.
En palabras de Sanjuan, el PAI "garantiza el mínimo de vivienda pública y el máximo de vivienda privada, abierta a la especulación".
Las entidades vecinales también han mostrado su preocupación por la conservación de la huerta. Algunos colectivos calculan que el desarrollo supondrá la desaparición de unos 40.000 metros cuadrados de suelo agrícola productivo, una de las razones por las que llevan años reclamando modificaciones en la propuesta urbanística.
La aprobación no significa que las obras empiecen ya
Aunque la votación de este viernes supone un avance determinante, la transformación de Benimaclet todavía deberá superar nuevos trámites antes de que comiencen las obras.
El siguiente paso será la reparcelación de los terrenos, un procedimiento que permitirá concretar la distribución de las parcelas y las obligaciones de los propietarios para financiar la urbanización.
El proyecto contempla la posibilidad de desarrollar simultáneamente las obras de urbanización y la construcción de edificios, siempre que se cumplan los requisitos legales y técnicos. No obstante, la ocupación de las viviendas estará condicionada a la recepción de las obras de urbanización.
Después de más de veinte años de espera, Benimaclet tiene aprobado el planeamiento que definirá el crecimiento del barrio hacia la Ronda Norte. Queda por concretar cuándo comenzarán las obras y cómo se materializarán las viviendas asequibles prometidas, las zonas verdes y la integración del nuevo desarrollo con la huerta que todavía conserva esta parte de València.