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“¡Oh Cristo de la Salud, Santísimo Cristo de la Salud! El Palmar quiere cantarte porque Tú eres su luz…” Esta letra es de la composición musical del Himno al Santísimo Cristo de la Salud, cuya letra escribió Joaquín Escrivá Peiró y Jaime Soler Asunción, con la música de Salvador Chuliá Hernández. Cada año desde 1976 el Santísimo Cristo de la Salud cruza las aguas del lago de la Albufera, en una procesión única donde más de doscientas barcas acompañan esta imagen tan querida por todos los vecinos de El Palmar.
“De boca de nuestros padres, aprendimos la lección y los nietos y biznietos, repetirán la canción, escrita en nuestra tierra como una historia de amor”.
A eso de media tarde del día 4 de agosto, con una plaza tan repleta de gente, que es necesario dilatar las paredes de la misma y al son del volteo de la pequeña campana, tirada por una cuerda, sale a la plaza la venerada imagen del Santísimo Cristo de la Salud, lo recibe la banda de música y los gritos de los vecinos ¡Viva el Cristo de la Salud! Y acompañando la imagen hasta el embarcadero del Tocaio, va recorriendo las calles del pueblo, entre lágrimas, vivas y marchas musicales.
Una vez la imagen es colada en la barca, sale en procesión por la acequia de la Reina, pasando por la Sequiota, hasta llegar al centro del lago, <les llises> saltan al paso de las barcas, hasta que paran en el Lluent, donde se juntan todas las barcas, para orar junto a esta querida imagen.
El sacerdote eleva una súplica al cielo, que acaba mojando los pies del Santísimo Cristo con las aguas de la albufera. Allí se entonan los Gozos, donde Andrés Soler, hace sonar con un dulzor entrañable las notas del saxofón: “Pues todo salud y amor, contemplo en Vos dueño amado, dad salud al que postrado os la pide con fervor. Por vuestro influjo sin par, esta isla toda entera, pesca abundante, ella espera, que afiance su pasar, en Vos ella ha confiado, sed pues Vos su Salvador”.
Se pide al cielo por todos, porque las aguas de la Albufera, estén limpias, por los enfermos, por todos… Recuerdo hace algunos años que en esa súplica el sacerdote D. Gonzalo, contó la petición de una persona invidente: “Señor cura, cuando pase el Cristo por mi casa, hágalo parar y gírelo un poco hacia donde yo estoy. ¡Yo no lo veré, pero El sí que me verá a mí!”
El sol cae sobre las aguas, la sinfonía de colores es un panorama especial, haciendo que la visión del lago sea única, porque los atardeceres en la Albufera son el mejor regalo para Valencia.
Desde allí, vuelven las barcas a los diferentes embarcaderos de origen para acompañar la imagen hasta la plaza mayor. Los cohetes de colores, la música, las Falleras, Autoridades, todos en romería, acompañan al Santísimo Cristo hasta la puerta de la iglesia del Niño Jesús del Huerto. Sin protocolos, con naturalidad, la Banda de Música toma asiento, el director eleva la batuta y el pueblo canta con fervor:
“Donde se encuentre un hijo tuyo, en los cuatro puntos de la tierra, estará junto a Ti, en el día de tu fiesta, porque se siente añoranza, de estar en esta tierra, en este Palmar bendito, que al Salvador venera. ¡Señor danos amor. Señor danos la Paz, Señor escucha a tu pueblo! El Palmar quiere decirte Señor, Señor, Señor. El palmar quiere cantarte porque tú eres su luz, sol de nuestros ojos, salud del corazón. Espejo de nuestro lago y barro de nuestra unión”.
Aplausos emocionados, el Santísimo Cristo es levantado en el centro de la plaza, la campana voltea sin cesar y poco a poco entra la imagen en esa pequeña iglesia que lo recibe de vuelta a casa.
Cincuenta años de Romería por las aguas de la Albufera reflejan la devoción y la historia de quien “a vuestros pies compungido, el labrador también llega. Siembra mucho y poco siega y eso lo tiene afligido, si de vos no es socorrido, será en vano su sudor”. El día cuatro de agosto es esa fecha que hace de un pueblo que se diferencie de los demás. Ese exclusivo don de que el Santísimo Cristo de la Salud, procesiona desde el año 1976 por las aguas de la Albufera es el mayor gesto de amor que puede rendir un pueblo a su guía y protector.
Antonio Jesús Teruel, Cura Párroco del Palmar, celebra este año el glorioso aniversario, una fecha que recordará con afecto, por el sentimiento pastoral que ha ejercido estos años en esta pedanía valenciana, donde es muy querido, siguiendo el camino de sus antecesores, los que todos han fomentado la veneración y amor al Santísimo Cristo de la Salud.
Que tengamos salud, para vivir muchos años más esta fiesta singular que la hace diferente a todas las romerías, por el entorno natural donde se desarrolla. En El Palmar, se vive con intensidad esta fiesta sonando en el aire el eco entrañable que de lo más hondo del alma exclama con fuerza: ¡Viva el Cristo de la Salud!

José Salvador Murgui Soriano.
Cronista Oficial de Casinos.
Académico Correspondiente de la Sección de Cronistas Oficiales de la R.A.C.V.