Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Petraher, Batrayr y, definitivamente, Patraix, con esa terminación fonética tan característica. El barrio con esta denominación despunta como uno de los más castizos de Valencia. Lejos quedó esa etapa en que permanecía emancipado como pueblo o se situaba en los arrabales urbanos. Los cambios urbanísticos y demográficos le han otorgado una ubicación relativamente céntrica, aunque preserva su esencia de refugio frente al bullicio, de sensación rural en el cogollo urbano.
Este Curioseando Valencia sale desde el local del antiguo ayuntamiento, de aquellos tiempos de municipio propio, que desde hace años tiene un uso tanto o más social como bar. Está en la misma plaza central que ejerce de eje indiscutible de la barriada y de lugar de actividades lúdicas variadas. Únicamente sentarse en uno de sus bancos, mirar dónde se hallaba el antiguo pozo, contemplar las casonas y observar el trasiego de peatones ya permite distraerse de sobra.

En esa misma plaza, que comparten casonas y edificios de altura limitada, se ubica la iglesia. Frente a ella, en 1903, Vicente Blasco Ibáñez pronunció un discurso apasionado. En ese espacio también se situaba la cuadra del barón de Patraix, un título nobiliario que, por cierto, cumple más de dos siglos de vigencia y herencia.
Volvemos al presente después de este salto al pasado y contemplamos la estrecha fachada eclesiástica, sin naves laterales por ese uso pretérito de cuadra, con su campanario de 1917. En un principio se consagró a san Nicolás para, posteriormente, hacerlo al Sagrado Corazón de Jesús, denominación que luce en la actualidad.
Del Guerrero del Antifaz a una fábrica de seda pionera
En un lateral de este templo, en una barriada que acogió a enfermos de lepra a modo de hospital en el siglo XVII, puede contemplarse una placa singular. En ese lado emerge la calle Manuel Gago. Y sí, para apasionados del cómic con memoria retrospectiva, ese rótulo luce un nombre mítico del tebeo español: el Guerrero del Antifaz. Lo hace para honrar al historietista Gago, su creador, en un barrio en el que residió.

Salimos de este entorno, pasamos junto al recomendable horno —por su atractivo visual y por el producto que ofrece—, dejamos atrás la calle Fray Mateu, por la que transitaba con todo su empuje la acequia de Favara, y nos dirigimos hacia el complejo deportivo. O, mejor, en ese continuo salto entre presente y pasado con lustre, al edificio que albergaba la Battifora, la pujante fábrica de seda.
La impulsó el madrileño Santiago Luis Dupuy con una maquinaria pionera que le permitió convertirse en referente nacional en el siglo XIX. Con el agua de la antes citada acequia de Favara y la labor de alrededor de 300 empleados, promovió el histórico negocio textil en Valencia.
Seguimos hacia la calle Pío XI, donde radica el extenso bloque de viviendas sociales Virgen de Patraix. Lo dejamos para situarnos ante el altar que la barriada dedica a la Virgen de los Desamparados. Frente a él se instala cada año una de las cruces de mayo más floridas de la ciudad, habitual premiada en los concursos que organiza la entidad cultural Lo Rat Penat.
Un sábado de mercado y las huellas del antiguo sanatorio
Continuamos en ese sentido superando los soportales de la calle Pedro Meléndez y el mercado ambulante. Estamos en sábado, día de puestos callejeros en Patraix, sobre todo atravesando la calle Jacinto Labaila. Jornada de reclamos de venta, bullicio urbano y colorido visual.

Desde aquí nos adentramos en unos terrenos cuya historia está vinculada a la atención a las personas con enfermedades mentales y al legado de Joan Gilabert Jofré, más conocido como Pare o Padre Jofré. Un hermoso portalón escalonado y acampanado en su cima subraya la labor del religioso en los vestigios del antiguo convento franciscano de Santa María de Jesús.
El entorno pasó por distintos usos: hospital, fábrica de seda de las que proliferaban en la ciudad, sanatorio y, posteriormente, archivo de la Diputación de Valencia. Un parque público, un colegio y un centro sanitario completan el terreno.
Seguimos hacia la calle Jesús, pasamos junto a su acondicionado mercado de productos frescos y retornamos a Patraix por la calle Font Roja. Atrás puede otearse el inmueble de la Comandancia de la Guardia Civil en Valencia. Nos situamos casi en la calle Cuenca, ante el cartel que explica por qué fue construida una retahíla de bajos habitables.

Las casas obreras de Ramón de Castro y el recuerdo del huerto de Pontons
En sus orígenes, a principios del siglo XX y diseñadas por el arquitecto José María Cortina, estas casas nacieron como viviendas para obreros que sus propietarios podían pagar en 15 años, por cantidades que, con la perspectiva actual, consideraríamos bastante módicas. Después, algunas de estas tres decenas de viviendas se sumieron en el deterioro. Hoy emergen orgullosas como un remanso de paz para residir en la calle Ramón de Castro, en un entorno urbano que, desquiciado por la subida de precios de la vivienda, las aprecia como llamativos espacios para vivir.
Cruzamos Cuenca para rematar la visita en un terreno que durante décadas estuvo abandonado como solar hasta su reconversión en un anodino jardín. Tan solo alguna estatua permite atisbar lo que llegó a ser: el huerto de Pontons, en alusión a quien fuera canónigo de la Catedral de Valencia y propietario de este lugar en el siglo XVII.
Por aquel entonces lo presidía una alquería circundada por un amplio terreno cultivable, salpicado de tallas que evocaban la fértil mitología de la Grecia clásica. Ahora esas estatuas se hallan diseminadas por diferentes puntos de la ciudad, como el Parterre o los Jardines de Viveros, alejadas de la parsimonia y la historia de su entorno original.

La Asociación Vecinal de Patraix reclama su agrupación en el espacio original, en esta zona ajardinada que pisamos. Esta misma entidad realiza una interesante labor de recopilación y divulgación del legado del barrio. Quien quiera saber más del entorno puede pasear —me gusta más usar este término terrestre que el verbo navegar— por su web. O hacerlo en alguna de las visitas guiadas del Ayuntamiento para impulsar los barrios de Valencia que incluyen este recorrido.
O, por supuesto, releyendo este Curioseando Valencia que, como cada mes, camina por una porción urbana intentando hacerlo con mirada propia y atenta. Curiosa, en definitiva, para descubrir y narrar encantos menos saboreados de la ciudad.