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Jaume I. El nombre evoca al monarca por antonomasia, al líder que pergeñó el Reino de Valencia y que diseñó, encauzó y documentó lindes geográficos, costumbres, leyes y actos que hoy en día marcan el devenir de la ciudad y de la propia Comunitat Valenciana. En este Curioseando Valencia queremos destacar su influencia de la mejor manera que sabemos hacer: paseando por lugares que recorrió.
En este camino de autor -que también puede servir de sugerencia a Ayuntamiento, Diputación o Generalitat- transitaremos por espacios que pisó o que lo simbolizan. No pretendemos abarcar todos; aunque sí que recorreremos algunos de los más significativos y emblemáticos con saltos en el trazado urbano. No será un paseo lineal como esta sección nos tiene más habituados.

“Aquí en Ruzafa, el 28 de septiembre de 1238, se firmó por el rey moro Zayen la rendición de Valencia a don Jaime I de Aragón. La ciudad para perpetua memoria…”, comienza exponiendo una pieza de cerámica, con trazos carcomidos por el tiempo y la falta de rehabilitación y no demasiado legibles, ubicada en el frontal de la iglesia de San Valero, en el cogollo de Ruzafa. Se halla muy cerca de otro distintivo que alude al 17 de septiembre de 1877 como año de integración en Valencia de lo que en la actualidad constituye una barriada urbana más.
Por Ruzafa
Desde ese punto atravesamos la plaza Baró de Cortés en dirección a Consolat del Mar, en un lateral del mercado de Ruzafa. Seguimos recto por la estrecha calle Juan de Dios Montañés para situarnos ante la puerta principal del convento de Nuestra Señora de los Ángeles.

Desde aquí basta girar unos metros hacia la izquierda, mirando en dirección al centro de Valencia, para detenernos ante una placa -en este caso más accesible a la vista- en la que expone: “en este lloc de Russafa va estar situat el Real de Jaume I a on se signá pel Rei Zayyan la rendició de Valencia el 28 de septiembre de 1238. El rei Jaume I entrà triunfant en la ciutat el 9 d´octubre, día de Sant Donís”.
Sobran los comentarios antes la certificación de los hechos. Cambio de distrito. Vamos a Ciutat Vella, muy cerca de Ensanche. En concreto, a la plaza de Alfons El Magnànim, a su epicentro, al denominado Parterre. Y lo hacemos desde la calle La Nave. El motivo lo constituye la capacidad de enmarcar la estatua ecuestre que contiene esta perspectiva. Desde cien metros antes ya queda perfilada al fondo de esta enjuta vía urbana.

La estatua en el Parterre
Y, para culminar la precisión de este acercamiento, el rostro del monarca la contempla, está girado hacia esta pequeña y emblemática calle que se inicia en la plaza del Patriarca y discurre junto a la histórica sede de la Universitat de València. Una paloma, como casi siempre, se relaja posada sobre el casco de la escultura que inmortaliza y recuerda a Jaume I.
La plaza se abarrota cada 9 d’ Octubre para culminar la procesión cívica que ofrenda la conquista de la ciudad con una corona floral bajo la estatua. Hoy, en cambio, el espacio lo salpimentan turistas sentados a la sombra de los bancos arbolados. Nos hallamos en julio, mes en el que hace siete siglos y medio falleció el histórico rey. Como inciso, una recomendación personal. Del espacio que delimita el Parterre me quedo con el banco más cercano a la fuente con la estatua de Neptuno, próxima a la calle Pintor Sorolla. Constituye un pequeño remanso de paz en pleno centro urbano.
Convento de Santo Domingo y plaza del Temple
Salimos en dirección hacia la calle la Paz para contemplar la fachada de Capitanía y del convento de Santo Domingo, cuya primera piedra colocó el propio monarca. ¿Cuál será? Está cerrado a la hora en que nos asomamos y no podemos adentrarnos en su claustro ni observar la Capilla de los Reyes, impulsada por el antes citado Alfonso el Magnánimo. En cambio, sí que tenemos la posibilidad siempre de detenernos ante su remodelada fachada, que data del siglo XVI, y admirar las imágenes de algunos santos dominicos tan venerados en Valencia como San Vicente Ferrer o San Luis Beltrán, además del propio Santo Domingo.

Continuamos. Dejamos atrás la plaza de Tetuán, andamos por Jovellanos, frente a la sede del Ilustre Colegio de la Abogacía de Valencia y junto a la del Consulado de Colombia, y nos introducimos en la del Temple. Y lo hacemos para torcer hacia la plaza Poeta Llorente y contemplar el costado de la antigua fortificación donada por el propio Jaume I a la Orden del Temple y posteriormente devastada.
No obstante, para recreación memorística del pasado, en el muro aparece una inscripción que recuerda que justo en ese lugar “estuvo la torre donde ondeó el Pendón Real de la Conquista”, y que ratifica que esa construcción resistió hasta 1865, cuando fue derruida para diseñar el Ensanche de Valencia.

A escasos 200 metros, al otro lado del Jardín del Turia, podemos atisbar la fachada del convento de la Trinidad, fundado en 1242 sobre terrenos donados por el propio monarca y desde donde, según cuenta una de las múltiples leyendas que esculpen la figura de Jaume I, el propio rey derramó unas lágrimas emocionado por lo que había conseguido.
Dejamos esa contemplación y apenas nos dará tiempo para andar por San Juan del Hospital, muy próxima, en la calle Trinquete de Caballeros, también asentada en un espacio entregado por el protagonista de este Curioseando Valencia a la Orden Militar de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (actual Orden de Malta). Esta parroquia primigenia de la ciudad destaca, entre sus múltiples vestigios históricos, por sus restos romanos o por su cementerio medieval.
Proseguimos hacia la Catedral, ya por el barrio de La Seu. Lo hacemos por la calle Trinitarios, una vía urbana habitualmente tranquila y que rezuma todo el poso secular urbano, con esa convivencia entre coquetos palacetes y hoteles boutique. Pasamos junto a la flamante nueva sede de la Universidad Católica de Valencia, por la plaza Conde del Real y al lado de la fachada de otra de las iglesias con lustre de la metrópoli, la de San Salvador, la única que ofrece misa a las nueve de la noche para los más rezagados.
Torcemos en dirección a la Almoina, al cogollo de los restos fundacionales de Valencia con las reminiscencias de su trazado iniciático de cardo y decumano romanos, discurrimos por el pasaje del capellán (mayor que lo fue de la Virgen de los Desamparados) cronista Emili Aparicio Olmos, el que separa Basílica y Catedral y donde se halla la puerta de bronce entre cuyos barrotes se asoman cada día cientos de valencianos para rogar a su patrona, y desembocamos en la calle Miguelete.

Catedral y Santa Catalina
Desde aquí solo resta bordearla para pasar ante la denominada Puerta de los Apóstoles, donde cada jueves, con puntualidad agrícola, se reúne -inasequible el acelerado discurrir del tiempo- el Tribunal de las Aguas, una institución establecida por Jaume I, y continuar hacia el pórtico principal, el de los Hierros, nombre que proviene de la reja barroca que la circunda.
Allí podemos pensar en el contenido de los más de cien pergaminos y manuscritos originales del reinado de Jaume I que preserva el archivo catedralicio o en cómo el monarca consagró esta antigua mezquita para convertirla en la iglesia materna de la ciudad.
Del mismo modo, quizás nos introduzcamos hasta el presbiterio con el fin de otear el lugar donde, según la dirección del propio recinto catedralicio, el cuerpo del soberano fue sepultado durante dos años tras fallecer, ante la dificultad de trasladarlo al monasterio de Poblet debido a las revueltas musulmanas.
Muy cerca del templo del Miguelete, a unos cien metros, se halla otro que resalta -entre otras cuestiones- igualmente por su torre campanario y que lleva por nombre Santa Catalina. El monarca la convirtió en una de las diez parroquias de la ciudad, la ordenó construir también sobre una antigua mezquita y, en este caso, además, cementerio musulmán, y decidió bautizarla como a su hija, la infanta Catalina, de la Casa Real de Aragón.
Y así, con el placer de haber evocado la figura de Jaume I, de sentir el temblor emocional de caminar por donde lo hizo el icónico rey y de apreciar el tesoro histórico de Valencia, termina este Curioseando diseñado como ruta de homenaje y contribución a destacar el legado del monarca fundador del Reino de Valencia.