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Emilio J. Belencoso (PP) asumió en 2023 la Alcaldía de Almàssera tras conseguir la primera mayoría absoluta de la historia del municipio, concentrando el voto de centro-derecha y sumando, en palabras suyas, “apoyos de vecinos de diversas sensibilidades”. Tres años después, y compaginando el cargo institucional con la presidencia de la EMTRE y su profesión como abogado, el edil hace balance de las principales inversiones en infraestructuras, el problema metropolitano de la vivienda y su proyecto político en su localidad natal.
— Si tuviera que defender su gestión con hechos concretos, ¿cuáles diría que han sido sus mayores aciertos?
— Hemos dado respuesta a reivindicaciones históricas del municipio. La ampliación del centro de salud supuso una inversión de más de tres millones de euros, y en los próximos meses concluyen las obras del Parque Norte y de la nueva biblioteca. Este último proyecto nos permitirá reacondicionar el espacio proyectado para los jubilados en la plaza, otra demanda de años. Además, somos el único municipio de toda la comarca donde se ha eliminado la plusvalía: vender o heredar una propiedad en Almàssera no tributa por este impuesto, algo que sigue sorprendiendo positivamente a los vecinos.
Somos el único municipio en toda nuestra comarca donde por vender o por heredar no se paga el impuesto de la plusvalía”
— Tras ocho años de gobierno del PSPV-PSOE previos a su llegada a la Alcaldía, ¿qué cambios ha notado el vecino en el día a día de Almàssera?
— No soy partidario de gobernar mirando por el retrovisor, pero la ciudadanía nos transmite que ha cambiado la forma de hacer las cosas. Hay una cercanía real, presencia en la calle, atención directa en el despacho y una gestión ágil de las redes sociales para dar respuestas rápidas. Por encima de todo, hay un orden y una planificación que antes no existían y que el vecino percibe de inmediato.
— Sin embargo, algunos proyectos clave parecen atascados, como el Centro de Día. ¿Por qué se dilata tanto la tramitación?
— Las competencias en materia de residencias y centros de día son autonómicas. El Ayuntamiento ha tenido que modificar primero el Plan General para poder ubicarlo en el antiguo mercado y, posteriormente, encarar la redacción del proyecto básico y de ejecución. Ahora estamos tramitando la delegación de competencias con la Conselleria. Es una infraestructura vital y muy reclamada que dejaremos encauzada y lista para su ejecución en la siguiente legislatura.
— Faltan apenas meses para agotar el mandato de cuatro años. ¿Qué proyectos darán tiempo a inaugurarse antes de la cita con las urnas?
— La biblioteca, el hogar de jubilados, el Parque Norte y el centro de salud estarán listos. A ello sumamos la reforma integral del Parque del Ventorrillo por 380.000 euros, un segundo plan de asfaltado municipal de un millón de euros y la reapertura de la piscina cubierta, una instalación clave que llevaba siete años cerrada y que logramos desbloquear. Asimismo, estamos invirtiendo más de 300.000 euros en reparar todas las fuentes ornamentales del municipio, que estaban abandonadas y suponían un riesgo de legionela por requerimiento de Sanidad.
— La escasez y el precio de la vivienda ahogan al área metropolitana. Almàssera no escapa a la presión compradora de la capital. ¿Qué medidas concretas está aplicando el Ayuntamiento?
— La presión es muy fuerte. Al no ser competencia municipal, modificamos el Plan General para permitir la conversión de locales comerciales en viviendas, exigiendo garantías de habitabilidad y facilitando que la plaza de garaje requerida por normativa se pueda vincula a 300 metros de distancia para incentivar la oferta. Por otro lado, pusimos suelo municipal a disposición de la Conselleria para el Plan VIVE, pero nuestras parcelas son pequeñas (de 200 a 300 metros) y la administración prioriza solares de mayor envergadura. Por eso hemos iniciado el expediente para subastar ese suelo a promotores privados. Para bajar precios hay que generar oferta y suelo urbanizable; la solución pasa por dar facilidades al mercado y agilizar desahucios por ocupación en 24 horas, no por imponer regulaciones directas. Almàssera supera ya los 8.000 habitantes y llega mucha gente de la capital. Nuestro reto es integrar esa expansión sin perder la esencia de pueblo, logrando que el nuevo vecino participe de nuestras tradiciones, cultura y vida asociativa hasta sentirse un “raboso” más.
— ¿Falta articulación a nivel metropolitano para abordar problemas comunes como la vivienda o los servicios urbanos?
— En l’Horta Nord hay poblaciones que están totalmente pegadas y las problemáticas son idénticas. Es cierto que los alcaldes colaboramos mucho y las mancomunidades —como la del Carraixet o la de l’Horta Nord— funcionan bien. En nuestro caso, el servicio de recogida de basuras está mancomunado, lo que nos permite abaratar costes por economía de escala. Sin embargo, en España todavía cuesta avanzar hacia un desarrollo metropolitano integral al estilo alemán; al final entran en juego demasiados intereses políticos que dificultan la armonización.
El exceso de protección de la huerta acaba en degradación; hay que escuchar más al agricultor”
— El 80% del término de Almàssera cuenta con el máximo grado de protección agrícola (H1). ¿Es sostenible mantener esa coraza urbanística en el contexto socioeconómico actual?
— Es un privilegio contar con ese patrimonio verde, pero hay que ser claros: el exceso de protección deriva en muchas ocasiones en degradación. Cuando un agricultor encuentra tantas trabas administrativas para reformar una alquería o para vallar una parcela y evitar que le roben la cosecha, el sistema falla. Hay que darle una vuelta a la Ley de la Huerta. Es indispensable escuchar al agricultor y adaptar la normativa a las necesidades reales del campo.
La respuesta de la Confederación Hidrográfica del Júcar ha sido que limpiemos el Carraixet nosotros, cuando no es competencia de los ayuntamientos”
— El barranco del Carraixet actúa como frontera pero su estado de conservación genera críticas. ¿Cuál es su posición al respecto?
— El Carraixet tiene una doble cara. Por un lado, es una barrera natural fantástica que evita que nos convirtamos en un barrio más de Valencia y nos permite preservar nuestra identidad como municipio. Por otro lado, su mantenimiento depende de la Confederación Hidrográfica del Júcar. Fui el primer alcalde en exigir formalmente a la CHJ que limpiara el cauce del barranco en un ejercicio de prevención. La respuesta de la Confederación ha sido que lo limpiemos los ayuntamientos. Esto es inaceptable: el cauce no es competencia municipal y pagamos cuotas precisamente para que el organismo de cuenca mantenga limpios y seguros estos espacios.
— Usted defiende la congelación fiscal de impuestos a pesar de la subida generalizada de precios y, asimismo, dice reforzar servicios básicos. ¿Cómo cuadran los números?
— Afrontamos un incremento generalizado de los costes operativos en cualquier servicio público, pero subir los impuestos en este contexto económico no es la solución. Congelar las tasas municipales supone, en términos reales, una bajada de la carga fiscal para las familias de Almàssera porque el Ayuntamiento asume la subida del IPC reduciendo gasto superfluo y optimizando la gestión. Esa eficiencia presupuestaria nos ha permitido dar un salto cualitativo histórico en la atención ciudadana. En Servicios Sociales, por ejemplo, hemos pasado de contar con un único trabajador social a estructurar un equipo multidisciplinar integral con dos trabajadores sociales, educadora, psicóloga y personal administrativo en un espacio independiente. Gracias a esta reorganización, el tiempo de espera en atención primaria ha caído de dos meses a solo quince días, desbloqueando de forma tajante la tramitación de las valoraciones de dependencia.
— Logró la primera mayoría absoluta de Almàssera en un escenario de fragmentación del voto. ¿A qué atribuye ese apoyo en un momento en que la política está polarizada?
— Se presentaban PP, Ciudadanos y Vox en Almàssera en las últimas elecciones locales, por lo que las opciones para dividir el voto eran grandes. Sin embargo, los vecinos apostaron por la concentración. Hicimos una candidatura 100% local, sin paracaidistas, e identificamos bien los problemas del municipio. La mayoría absoluta no responde a que haya un 44% de votantes del PP en Almàssera, sino a que los vecinos evaluaron a las personas y al proyecto. Esa estabilidad nos ha librado de perder el tiempo en chantajes políticos y desgastes ideológicos, permitiéndonos centrar el 100% de la gestión en el municipio.

— Mantiene su despacho profesional como abogado en paralelo a la Alcaldía y la EMTRE. ¿Es sostenible este nivel de exigencia personal sin caer en el desgaste?
— Se sostiene durmiendo poco y restando tiempo a la familia y al descanso. Pero defiendo firmemente que quien entra en política debe conservar su profesión y su independencia económica. Saber que tienes tu trabajo al que volver te da libertad absoluta para defender los intereses de tus vecinos sin depender del partido ni de una nómina pública. En política se está de paso; la Alcaldía es temporal, pero los proyectos y las decisiones quedan para muchos años.
— Con la confirmación de su candidatura para la reelección, ¿cree realista repetir o ampliar esa mayoría absoluta?
— Trabajamos para superarla. Un mandato de cuatro años se queda corto cuando empleas el primero en desatascar la gestión heredada. Pedimos la confianza para completar el ciclo de proyectos iniciado. Además, la congelación de impuestos en un contexto de alta inflación representa en la práctica una rebaja fiscal para los vecinos mientras asumimos el sobrecoste de los servicios públicos. Si la ciudadanía considera que seguimos siendo útiles para el municipio, renovaremos la confianza para seguir situando a Almàssera en mejores condiciones que como la encontramos.