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A punto de cumplirse dos años de la trágica dana que asoló l’Horta Sud y buena parte de la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024, Guillermo Luján (PSPV-PSOE) atiende a El Periódico de Aquí a pie del barranco de La Saleta. En este punto neurálgico se acomete un plan de choque municipal para adaptar las cotas del terreno y evitar que el agua vuelva a anegar el casco urbano en caso de futuras riadas. El primer edil hace balance del estado de las obras estructurales, denuncia los cuellos de botella que paralizan millones de euros en fondos públicos y reivindica el papel del comercio local y la artesanía del palmito como motor de resiliencia.
— ¿En qué consisten exactamente estas obras en el barranco de La Saleta y qué margen de protección ofrecerán ante la próxima temporada de tormentas?
— Este es un plan de choque que hemos impulsado desde el Ayuntamiento de Aldaia. Lo que pretende es que este barranco, que era a cota cero, obtenga una pendiente pendiente para que la cota vaya de forma progresiva bajando en la zona urbana y desagüe al final. Unas paredes que son del túnel y delimitan la zona peatonal van a desaparecer para permitir que la corriente de agua vaya hacia afuera del municipio. Es un plan de choque; las obras necesarias son más actuaciones. Una de ellas, que llevamos reivindicando más de 40 años, es la canalización subterránea por la zona norte, además de distintas balsas de laminación para conseguir que si viene otra dana, el agua vaya de forma ordenada y no tenga un impacto sobre las personas e inmuebles.
— A casi dos años de la tragedia, ¿cuál es la situación real de la recuperación en Aldaia, tanto en el plano privado como en el ámbito público?
— La situación sigue siendo complicada. Primero, este plan de choque es la única medida que, toquemos madera, esta próxima temporada de tormentas podremos tener disponible, y va a hacer que se minimicen un poco los efectos en esta parte central. Pero lo que es la recuperación del municipio sigue siendo difícil: hay varias decenas de ascensores sin funcionar, personas y viviendas que aún no han recuperado toda su normalidad y, en especial, la parte pública. Tenemos en Aldaia 40 millones que nos inyectaron para poder hacer más de 20 obras y proyectos, y la gran mayoría aún no han podido ni empezar. No han podido empezar porque hay una normativa, una Ley de Contratos y unos procedimientos que impiden que estemos en una situación de recuperación más efectiva; tenemos la financiación, pero hay dificultad para cumplir la ley.
Hasta que no vea las máquinas en la obra de canalización subterránea de la Saleta, no dejaré de pelear; la gente necesita hechos para recuperar la confianza”
— La canalización subterránea del barranco es una reivindicación que arrastra más de cuatro décadas de promesas incumplidas. ¿Hay motivos para pensar que esta vez sí se va a ejecutar?
— La previsión es que antes del mes de septiembre la parte más funcional de la obra de choque esté lista para que el agua pueda escurrir, porque es una medida de protección y de recuperar la confianza. En especial Aldaia llevamos 40 años reivindicando la obra de canalización subterránea y por diversos motivos no se ha ejecutado. Ahora estamos en la situación de que el Consejo de Ministros ha aprobado este proyecto y estamos pendientes de la publicación del BOP. Estoy deseando esa publicación para poder visualizarlo y recuperar la confianza en el sistema, en que desde el ámbito público se toman medidas efectivas en la práctica. Hasta que no vea las máquinas en la obra de canalización subterránea no dejaré de insistir y pelear, porque al final los trámites son importantes, pero la gente necesita hechos.

— Tanto usted como ediles de otros municipios afectados han acudido a Bruselas y Madrid para pedir soluciones. ¿Por qué cuesta tanto adaptar la burocracia a una situación de catástrofe?
— Tuve interés de ir a Bruselas a un encuentro con el departamento técnico de la Unión Europea para hacer llegar el mensaje de que íbamos a morir de éxito. Lo celebramos, es muy importante la financiación prácticamente al 100% de la gran mayoría de intervenciones, pero si no somos capaces de materializarlo en un tiempo breve, no es efectivo y la ciudadanía pierde la confianza. Es el momento de redactar una normativa específica para las catástrofes de la naturaleza, porque es una pena que no se haya tenido la sensibilidad de buscar mecanismos legislativos que permitan tener más manos para tramitar y ejecutar procedimientos sencillos. El cumplimiento riguroso de las normativas nos va a llevar a que estaremos varios años, y eso no genera confianza en que el sistema sea capaz de digerir un impacto y recuperarse lo antes posible. Es urgente una normativa de contratación específica para catástrofes naturales o la gestión de ayudas será inviable.
Tengo presente el caminar esa madrugada por Aldaia viendo el desastre, con un silencio escandaloso, y pensar: ¿cuándo podré volver a ver Aldaia como era antes?”
— Tras el impacto de los primeros meses y el volumen de trabajo al que se han visto sometidos los responsables locales, ¿cómo ha encajado el Guillermo Luján persona que hay detrás del cargo político toda esta carga emocional?
— Ha sido muy complicado. Los primeros segundos de visualizar lo que era esto provocaron tal shock que la propia supervivencia te hacía buscar soluciones donde no estaban. Tengo presente el sentimiento de caminar esa madrugada por las calles de Aldaia viendo el desastre, con un silencio escandaloso que hablaba, y pensar: “¿cuándo podré volver a ver Aldaia como era antes?” La necesidad de hacer, de moverse y de no parar dejó un poco de lado la parte de cómo se siente uno. Mi responsabilidad era tirar del carro y resolver en el caos. Con el tiempo todos hemos notado que tenemos nuestras heridas humanas y personales; no podemos permitirnos liberar nuestras emociones porque la realidad te exige estar presente. En mi caso, la ayuda de gente muy cerca de mí, de la amistad y de mi casa ha sido fundamental.
— Frente a la devastación inicial, ¿qué gestos o aprendizajes colectivos rescataría de este proceso de reconstrucción?
— En los primeros días detectaba que no había una visualización de que Aldaia estuviera gravemente afectada. A raíz de alzar la voz, recibimos el cariño, el esfuerzo y las manos de muchísima gente. Vecinos me comentaban que tenían en sus comercios a personas que no conocían empujando para quitar el barro y la desazón. Recuerdo comercios las primeras semanas que iban a cerrar y, con el entusiasmo de la gente que venía a ayudarles, decidieron reformar y tirar adelante. La ayuda de los voluntarios, de administraciones y de alcaldes de toda España que nos prestaron apoyo fue increíble y da esperanza.
— El comercio de proximidad y el mercado municipal han sido motores clave para recuperar la vida en las calles. ¿Qué llamamiento hace para incentivar la economía local?
— La manera más sencilla de ayudar a la gente de Aldaia y de los municipios afectados es venir a comprar. El comercio es algo más que un espacio que te vende un producto o un servicio, es una parte de vida del municipio. Tengo grabadas las imágenes de las primeras tardes sin luz y con los comercios vacíos, lo cual daba una tristeza enorme. El mercado municipal y los comercios están tirando adelante con dificultades, por lo que aprovechemos para venir a la zona; la mejor manera de ayudarles a recuperarse es consumir en sus establecimientos.
— Aldaia es reconocida mundialmente como la cuna de la artesanía del palmito. ¿En qué punto se encuentra este sector tradicional y qué papel juega en la identidad del municipio?
— El gremio de palmiters y una parte importante de los artesanos son de Aldaia; es “el bressol del palmito”. Visualizo a unos metros de aquí un taller de abanicos que fue arrasado por la dana y que, sin estar completamente recuperado, ya ha retomado la actividad. La artesanía de lo que es tradicional y elaborado con las manos no se debe perder nunca. Por eso tuve el interés de llevarle a los Reyes de España el ‘abanico de la dana’, como muestra de que este pueblo sigue vivo, que sus artesanos tienen interés en pelear y que, dentro de las dificultades, buscamos una oportunidad para salir adelante.