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“Aldaia cree en la investigación histórica no como un simple ornamento, sino como una inversión del futuro y la dignidad colectiva”. Wilson Ferrús Peris con su proyecto titulado: “Purgar, castigar y eliminar: la maquinaria de la represión franquista en Aldaia. Desde la purga administrativa y el desmantelamiento educativo hasta el exterminio físico (1939-1950)” ha ganado la décimo séptima edición del Premio de Estudios Locales de Aldaia, convocado por la Concejalía, galardón otorgado por consenso general del jurado.
Es fácil “imaginar lo feliz que soy, ¿verdad?”.
Lamentablemente “no existe ninguna publicación municipal que aborde de manera monográfica la II República, la Guerra Civil o la represión posterior” en Aldaia. Han pasado las décadas, se ha turnado el bipartidismo hasta llegar al actual gobierno y nadie en las esferas pertinentes ha hecho nada de provecho para informar a las diferentes generaciones sobre verdades y horrores de la dictadura. ¿Documentos destruidos y archivos extraviados? Sin duda. ¿Nula bibliografía por mor de gerifaltes amaestrados en la desmemoria como treta? Por supuesto.
“Había que extirpar y borrar definitivamente cualquier vestigio republicano”.
Pedro Gómez Aparicio periodista franquista en su discurso inaugural en la escuela de Periodismo, -tiempo atrás-, frasearía: “El problema consiste en determinar los límites dentro de los cuales hay que encerrar la libertad de prensa”; esa, junto a otras muchas libertades fueron cautivas y el silencio lo envolvió todo.
“El franquismo fue creando un entramado legislativo complejo y elaborado para institucionalizar la represión”. ¿De aquellos polvos vienen estos lodos? ¿La nueva ola de la vieja guardia activada?
“El silencio y el estigma social en la postguerra aldaiera” robaron a superviventes además de cuanto tenían, cuanto era su vida, sus amores, sus logros. Hubo depuración de maestros “con plaza definitiva, de interinos y estudiantes de Magisterio”, de responsables del cuidado de la infancia evacuada a la población de Aldaia desde Madrid y de las familias de acogida, la hubo “también de médicos y enfermeras”.
“Depuración en la Corporación Municipal, en el Juzgado Municipal”.
Será tras un año de ardua indagación cuando el catedrático del Instituto de Lengua y Literatura materializará tan minucioso trabajo que, bajo el lema de “La memòria mutilada”, dotará a Aldaia de un valiosísimo documento que legar a ulteriores generaciones ya que “de las más de cien obra que tienen a Aldaia como eje central, ninguna de ellas hace referencia a la postguerra o a la maquinaria punitiva del régimen dictatorial”. Un Régimen de matanzas y depravaciones cometidas “por Dios y por España”.
Franco (tildado Caudillo) declararía: “Creo que debería recordarles que el Reino que hemos establecido” -¿Siempre añorando una corona bajo el patente síndrome de hubris, -enfermedad del poder-, establecido en elementos como Hitler o Calígula?-.
El susodicho continuaba añadiendo que tal “Reino”: “No debe nada al pasado; nace de esta acción decisiva tomada el 18 de julio, que constituye un acontecimiento histórico trascendente que no admite ningún compromiso o condición”, dejando bien claro quién era el capo di tutti capi, y que en tal tesitura ungía al borbónico fratricida.
Apuntar que el duodécimo Gobierno de la dictadura franquista, en mil novecientos sesenta y nueve, -¡hace sólo cincuenta y siete años!-, “estaba dominado por los ministros tecnócratas del Opus Dei”, institución inmersa en la malversación de subvenciones de miles de millones de pesetas -de aquél entonces-, por el caso Matesa (Maquinaria Textil del norte de España S.A.) que enfrentaría a falangistas y opusdeístas. ¿Corrupción con Franco? ¡Sí! Eso se tendría que enseñar en las aulas.
Con tan minucioso y laureado empeño Aldaia entra en el circuito de la “recuperación de los itinerarios de reclusión y el exterminio físico de los represaliados” singularizando el “estudio de la depuración administrativa”, sin olvidar el “análisis del espolio económico” en poblaciones donde cualquier delación de secuaces sirvió para cometer saqueos, legitimar desahucios y dictar condenas.
Los vencidos fueron en muchos casos obligados a pagar multas por “responsabilidad civil, multas económicas contra su patrimonio, su jornal, sus posesiones, restricciones económicas y profesionales que les podían dejar en la indigencia más absoluta, a ellos y a su familia”, refiere Ferrús.
¿Recompensando “a los fieles, a los adictos al Glorioso Movimiento Nacional (GMN) que ocuparían las vacantes de aquellos que previamente habían sido obligados a abandonarlas”?
Ferrús propone un análisis riguroso de la “máquina del terror a través de un estudio del caso: el municipio de Aldaia”. Detallando expertamente aquél “estado de terror que se instaló en nuestro país y en cada uno de nuestros pueblos después del final de la guerra y de la tan proclamada paz”.
La población padecería la represión con “vecinos de Aldaia en prisiones y batallones disciplinarios (la Torre de Torrent, la Celular, la prisión de San Miguel de los Reyes, el campo de concentración de Portaceli).
¿Y las mujeres? Indefectiblemente la represión de género y sexual se cobró miles y miles de víctimas. La orden siempre era: “castigar, purificar y reeducar”.
¿Alguien duda que España necesita ¡urgentemente! trabajos de investigación como este? Son el “antídoto contra el olvido”.
¡Hay que acercar “la historia local”, humanizar a las víctimas represaliadas! y en esa dirección trabaja el también licenciado en Pedagogía quien hurga entre tenebrosidades y mentiras rompiendo “el silencio que ha envuelto la represión en Aldaia”, un municipio cuyo nombre de origen arábigo significa pueblo pequeño. Aldaia ejemplariza empeñada en llenar el alarmante “vacío historiográfico respecto a su historia contemporánea más reciente” gracias a este proyecto de tanta enjundia y valentía. Porque ese vacío fue el diezmo franquista que pagaron muchos territorios españoles y las víctimas cuyos restos se apilan en fosas comunes o yacen sepultadas en cunetas, mujeres y hombres sentenciados a ese terrible “subtierro” que los borra de la historia.
¡La desmemoria debe erradicarse!
Pero la desmemoria sigue como táctica en el manual de uso político de verdugos y lacayas, así, en tragedias como la DANA del veintinueve de octubre de dos mil veinticuatro, donde Aldaia quedó arrasado convirtiéndose en un “pueblo fantasma”, la verdad sigue quebrantada y mermada la información. Y, ¿qué decir del oscurantismo sobre las víctimas del metro de València (Metrovalencia), en dos mil seis, a cuyos familiares "se les había impedido acceder a información”?
Mutismo y manipulación mediática no es algo irrelevante, ya el expresidente del Gobierno de Franco, Carlos Arias Navarro, apodado “el carnicerito de Málaga” por su sádica represión, estimaría públicamente: “Esperamos mucho de la alta misión orientadora de los medios de comunicación social que, por ser al mismo tiempo intérpretes y formadores de la opinión pública, han de ofrecernos, como hasta ahora han hecho en su inmensa mayoría, su permanente lección de amor a España y de constante promoción de los ideales y fines de la política nacional”.
¿Algo ha cambiado en el negocio de la comunicación desde el pasado siglo veinte? Tal vez la multiplicación de capitales extranjeros que los disciplinan.
“¡València despierta!”.
Gustaba decir el politólogo y filósofo alemán Friedrich Engels que “Lo que no se sabe expresar es que no se sabe”. ¿Por eso creadores de contenido sólo repiten lo que les mandan sus monetizadores en la sombra?
En Aldaia, aproximadamente cincuenta personas serían procesadas en consejos de guerra, catorce serían ejecutadas. Treinta vecinos fueron sometidos al tribunal de Responsabilidades Políticas, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC). Se instaló y consolidó “la muerte civil del vencido” mediante la violencia política, administrativa, económica y física “que transformó la sociedad aldaiense”.
El escritor y periodista Rafael Torres hablaba de “ese Pueblo que si no se contempla al detalle, hijo por hijo, pudiera perfectamente no existir”.
Es esencial la historia de cada pueblo, de cada habitante, de cada aldea, de cada víctima, de cada ser vivo y de cada empeño. Pero, ¿dónde están los estudios sobre el movimiento obrero, el sindicalismo tras la guerra? ¡Inexistentes!
Wilson Ferrús con un “relato científico, riguroso y sobre todo humano” se convierte en agitador de conciencias pudiendo reparar “el silencio documental y la desmemoria” tan hábilmente instalada, logrando con este proyecto combatir su voracidad. IDECO (Institut d´Estudis Comarcal l´Horta Sud) publicará la obra tras el desarrollo por parte del erudito de las convenientes investigaciones.
¿Aldaia en la avanzadilla de la investigación histórica a pesar de la nefasta gobernanza de derecha y ultraderecha que rige actualmente las instituciones del País Valencià?
Violencia, hambre, miedo, persecución, silencios, olvido. ¿La maldad como legado histórico? ¿A quién y para qué conviene tal Régimen?
Cantaba a principios del siglo veinte Ofelia de Aragón, hija de labradores, que: “Con un escribano pobre y un juez que sea ladrón, echan a un hombre a presidio y no lo salva ni Dios”.
El historiador zaragozano Julio Rodríguez Puertolas en Literatura fascista española aseveraba que “Los fascismos italiano y alemán no han inventado para nosotros nada. España fue fascista con avance de cuatro siglos sobre ellos”.
Pero el mundo universitario, el orbe del conocimiento, siempre ha sido luchador y disidente y en la dictadura franquista protestaba mientras sus jóvenes eran apresados y represaliados de ahí que un vicealmirante, de la camarilla íntima de Franco, no dudara en dictaminar contra el estudiantado: “¡Esto no se puede aguantar! ¡Hay que hacer algo!”.
En València, actualmente, la sede del Sindicato de Estudiantes ha sido violada por el despotismo de la Administración que, como antaño, teme al conocimiento.
¿Quién recuerda haber recibido información educativa lo suficientemente detallada sobre el franquismo? ¡Nadie! Escuelas públicas, colegios concertados, privados y cualquier espacio de enseñanza estaba encauzado, y lo sigue estando. ¿Editoriales de libros de texto cómplices?
La memoria democrática es cuestión de “higiene democrática en el presente” gracias a recuperar “las historias de vida de aquellos que fueron condenados al ostracismo, al destierro o a la muerte”.
En Aldaia, “es el caso del alcalde, el teniente alcalde o el secretario de juzgado” cuyos restos no se han podido recuperar en la exhumación llevada a cabo el año dos mil once. “Devolver la voz y la dignidad a esos vecinos que fueron borrados de la historia oficial, es un deber moral que tenemos con el pasado, presente y futuro de Aldaia”, reitera Ferrús.
Personas doblemente condenadas, tras ser asesinadas fueron sentenciadas al posterior subtierro en las fosas del cementerio de Paterna. El proyecto premiado en Aldaia abre una de las cajas de Pandora de la historia contemporánea española sacando “de la desmemoria a aquellos que padecieron la persecución por haber defendido los valores de la modernidad, la democracia y la libertad. Que su sacrificio no quede sepultado por el silencio institucional”, participa Ferrús.
En palabras del literato cordobés Antonio Gala: “La humanidad se mata a través de las guerras, del desentimiento de la miseria ajena, de los odios mortales; le importan un coño los genocidios, las catástrofes que ocurren lejos, las hecatombes rituales, las hambrunas”.