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El anuncio del alcalde de Paterna, Juan Antonio Sagredo, de permitir la conversión de bajos comerciales en viviendas ha reabierto el debate sobre las políticas de vivienda en el municipio. Aunque el Ayuntamiento presenta la iniciativa como una herramienta para incrementar la oferta residencial, facilitar el acceso a la vivienda y reutilizar locales vacíos, la propuesta ya suscita interrogantes sobre sus posibles efectos a medio y largo plazo.
Entre las principales preocupaciones figura el temor a que algunos de estos inmuebles acaben utilizándose como viviendas turísticas si, una vez obtenidas las autorizaciones correspondientes, el mercado encuentra en ellas un nuevo nicho de negocio. Aunque el Consistorio ha anunciado que solo podrán destinarse a uso turístico con la autorización expresa de la comunidad de propietarios, algunos sectores consideran que esta condición podría no ser suficiente para evitar un crecimiento progresivo de este tipo de alojamientos.
Otra de las críticas apunta a la calidad de las futuras viviendas. Diversas voces advierten de que la transformación masiva de locales comerciales puede derivar en pisos con escasa iluminación natural, reducida ventilación o limitada privacidad, especialmente si el objetivo prioritario acaba siendo aumentar el número de viviendas disponibles. El riesgo, señalan, es que Paterna termine incorporando al mercado residencial inmuebles que, aun cumpliendo los mínimos legales, ofrezcan unas condiciones de habitabilidad muy alejadas de las deseables.
Los detractores de la medida llegan a hablar del peligro de crear nuevas "cuevas" urbanas: viviendas en planta baja que, pese a ajustarse formalmente a la normativa, podrían presentar carencias que afecten a la calidad de vida de sus ocupantes. Consideran que el problema del acceso a la vivienda no debería resolverse a costa de rebajar las expectativas sobre las condiciones en las que viven los ciudadanos.
Frente a estas críticas, el Ayuntamiento sostiene que la transformación solo será posible cuando exista edificabilidad residencial disponible, se cumplan todos los requisitos urbanísticos y de habitabilidad, se disponga de una plaza de garaje vinculada y se respeten las limitaciones establecidas para el uso turístico.
El debate, en cualquier caso, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de fondo: si la solución a la falta de vivienda pasa por reconvertir el parque inmobiliario existente o por impulsar una mayor construcción de vivienda protegida y asequible. Para los críticos, la prioridad debería centrarse en promover nuevas promociones residenciales y ampliar el parque público de vivienda, en lugar de convertir antiguos locales comerciales en hogares cuya calidad podría generar controversia.
El principal problema de esta medida es que puede generar un efecto muy perjudicial para el comercio de proximidad. Si resulta más rentable transformar los bajos comerciales en viviendas que mantener un negocio abierto, poco a poco muchos locales dejarán de albergar tiendas de barrio para convertirse en viviendas.
A corto plazo puede parecer una solución para aumentar la oferta residencial, pero a medio y largo plazo supondrá la desaparición del pequeño comercio, con la consiguiente pérdida de servicios, empleo y vida en nuestros barrios. Los grandes beneficiados de esta situación serían las grandes superficies y las plataformas de venta online, que verían reducida la competencia del comercio local.