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Alonso es uno de los jóvenes músicos que ha vivido desde dentro el triunfo de la Joven Orquesta de Alicante en el festival internacional Summa Cum Laude de Viena. Con solo unos años de trayectoria con la trompeta, el músico ya acumula experiencias en escenarios y concursos internacionales que refuerzan su vocación por la música. Hablamos con él para conocer cómo ha vivido este reconocimiento y cuáles son sus próximos retos.
— ¿Qué sentiste cuando os anunciaron que habíais conseguido el primer premio del Summa Cum Laude?
— Fue en mitad del concierto. Estábamos tocando y el director nos dijo que habíamos ganado. Toda la orquesta nos pusimos súper contentos y, a partir de ahí, el concierto salió súper bien. Estuvo súper emocionante todo.
— ¿Os esperabais conseguir este reconocimiento o fue una sorpresa?
— Fue sorpresa también. Hay gente que participa ahí que es muy buena, entonces que ganáramos y que nos anunciaran que habíamos ganado fue muy guay.
— ¿Cómo fue para ti actuar en una sala tan emblemática como la Sala Dorada del Musikverein de Viena?
— Yo siempre veía los conciertos de Año Nuevo y me encantaban. Pensaba de pequeño: Me gustaría ir a tocar ahí. Pues mira, por circunstancias, al final he tocado ahí. Fue súper bonito. Tocar ahí delante de tanta gente... no sé, es un sueño hecho realidad.
— En el concurso interpretasteis tres obras. ¿Cuáles fueron y hubo alguna que te resultara especialmente complicada?
— En el concurso tocamos una obligada, que era Vals de las Sirenas, y luego tocamos Capricho Español y El sombrero de tres picos. El sombrero de tres picos para mí es la que más me costó, porque tiene tiempos difíciles y momentos difíciles de cuadrar con los instrumentos. Estuvimos bastante tiempo para ensayarla y que saliera bien, pero al final todo súper bien.
— Tú también tuviste protagonismo como solista durante la actuación. ¿Qué piezas interpretaste?
— Hice el solo de Capricho Español, que es un solo con trompas, y también solos como el de Conga del Fuego Nuevo, de Arturo Márquez, que también hice en el concierto.
— Y además del premio, ¿te quedas con alguna anécdota especial del viaje a Viena?
— Pues así, anécdota, lo que más tengo fue durante el concierto justamente con mi compañero de trompeta. Le tuve que entregar mi trompeta en mitad de una obra, que es el Danzón, porque no le iba la suya. En ese momento tenía que tocar el solo y le hacía mucha ilusión, entonces nos cambiamos las trompetas y él tocó con mi trompeta el solo sin haber tocado la mía nunca. Fue un momento un poco nervioso y así, pero salió muy bien.
— ¿Cómo surgió ese cambio de trompetas en mitad de la obra?
— Él me había pedido si podía tocar un solo allí, porque yo ya había tocado en el concurso. Entonces, cuando llegó el momento de tocarlo, su trompeta no funcionaba y le dije que cogiera la mía. Nos cambiamos las trompetas en medio de la obra y pudo tocar el solo.
— ¿Cuántas horas de ensayo habéis dedicado para llegar preparados a este festival?
— Bastantes, porque entre conciertos y todo hacíamos conciertos por aquí, por la zona de Alicante y Valencia. Entonces, horas de ensayo más o menos cada fin de semana. Estábamos sábados y domingos cuatro horas, más o menos. Y si había conciertos, ya ensayábamos por la mañana y por la tarde hacíamos el concierto.
— ¿Qué significa para ti formar parte de la Joven Orquesta de Alicante?
— A mí la verdad es que me encanta, porque yo siempre he estado enfocado a ir a una orquesta y estar en esta orquesta, encima, la gente y la comunidad que somos ahí está súper bien. Hacemos actos muy grandes y tal. Entonces, no sé, me da como respeto ir a la orquesta y saber que voy a tocar, por ejemplo, en el Palau de la Música de Valencia y cosas así, porque es lo que a mí me gusta al final.
— Fran Maestre ha defendido en alguna ocasión que todos los músicos de una orquesta son igual de importantes, desde el triángulo hasta el director. ¿Compartes esa filosofía?
— Sí, claro. Todos ahí formamos lo mismo, todos somos importantes, porque el día que falle, por ejemplo, algún instrumento o algo, el concierto... imagínate, faltan todos los violines, el concierto no va adelante. Igual que si falla el director o si falla cualquier otro instrumento. Todos somos súper importantes ahí.
— ¿Desde qué edad tocas la trompeta?
— Yo toco desde los ocho o nueve años, más o menos. Llevo unos seis o siete años tocando la trompeta.
— Este año también has participado en un concurso internacional de trompeta en Tallin, Estonia. ¿Cómo fue esa experiencia?
— Fue el 12 de abril, en Tallin, en un concurso internacional de trompeta. Siendo el más pequeño de mi categoría, quedé cuarto.
— Después de experiencias como Tallin y Viena, ¿este premio te hace plantearte todavía más tu futuro dentro de la música?
— Ahora lo que voy a hacer es presentarme a las pruebas del superior, al conservatorio. Hay bastantes a los que me quiero presentar y, en el que me cojan, pues a partir de ahí es ya optar a una orquesta, que es lo que más me mola a mí.
— Después de vivir algo como Viena, que para ti era un sueño, ¿cuál sería ahora el siguiente?
— Para mí el siguiente sería ir a tocar al Konzerthaus de Berlín, que de hecho vamos también con orquesta, que mola un montón. Y, aparte de eso, para mí mi sueño es la orquesta e ir tocando. Aunque sean sitios pequeños, estar en la orquesta y poder tocar con ellos. Es lo que más me gusta.