Cada vez que empieza una nueva edición de La Isla de las Tentaciones, se repite el mismo debate: “Este tipo de programas normalizan las infidelidades”, “dan malos ejemplos”, “la televisión está destruyendo las relaciones”.
Y entiendo perfectamente por qué generan rechazo en muchas personas. Hay escenas incómodas. Conductas impulsivas. Relaciones rotas. Personas que se enganchan emocionalmente a otras aun sabiendo que su relación está terminada. Celos, dependencia emocional, discusiones, falta de límites, necesidad constante de validación.
Pero quizá la pregunta importante no es por qué ocurre eso en televisión. La pregunta importante es: ¿por qué nos resulta tan familiar?
Porque, aunque a veces incomode admitirlo, gran parte de lo que vemos ahí ocurre cada día fuera de cámaras. En relaciones normales. En personas normales. En consultas psicológicas. En conversaciones privadas que nunca salen en televisión.
Personas que saben que su relación está rota, pero no consiguen salir de ella. Personas que necesitan engancharse a alguien nuevo para poder soltar a su pareja anterior. Personas que confunden amor con dependencia. Personas que toleran faltas de respeto por miedo a quedarse solas. Personas que, aunque quieren hacerlo bien, no saben gestionar sus emociones, sus impulsos o sus heridas. Y precisamente por eso creo que este tipo de programas también pueden convertirse en una oportunidad para reflexionar. No porque lo que aparezca esté bien. No porque haya que justificar determinadas conductas. Sino porque nos permiten observar dinámicas humanas reales que muchas veces evitamos mirar de frente.
Como psicóloga especializada en autoestima y relaciones, llevo años analizando este tipo de comportamientos en redes sociales porque detrás de muchas de esas escenas hay algo mucho más profundo que “una simple infidelidad”. Hay inseguridad emocional. Hay miedo al abandono. Hay personas que buscan fuera la validación que no encuentran dentro. Hay relaciones sostenidas desde el apego y no desde el bienestar. Hay poca gestión emocional, poco autocontrol y mucho vacío interno. Y aquí es donde creo que está la parte más importante de toda esta conversación.
Muchas veces el foco se pone únicamente en el programa, en si debería existir o no, en si influye más o menos. Pero pocas veces hablamos de algo fundamental: la importancia de construir una buena base emocional propia.
Porque una persona que se conoce, que tiene autoestima, seguridad interna y valores claros, no necesita copiar todo lo que ve ni dejarse arrastrar tan fácilmente por las influencias externas. Puede observar determinadas conductas y pensar: “Eso no va conmigo”, “eso no quiero para mi vida”, “eso me ayuda a identificar lo que sí y lo que no quiero en una relación”.
El problema no es únicamente lo que vemos. El problema es consumirlo sin pensamiento crítico, sin autoconocimiento y sin una identidad sólida. Y esto no ocurre solo con la televisión. También pasa con las redes sociales.
Instagram puede convertirse en un espacio tóxico de comparación constante o en una herramienta de crecimiento personal. Todo depende del uso que hagamos de él y del contenido que decidamos consumir. Puedes seguir cuentas que alimenten inseguridades, relaciones poco sanas o necesidad de validación. O puedes rodearte de contenido que te ayude a entenderte mejor, aprender sobre autoestima, vínculos, límites, regulación emocional y relaciones sanas.
Por eso creo que la solución no está únicamente en señalar lo que vemos fuera, sino también en fortalecer lo que tenemos dentro. Porque cuando una persona tiene un autoconcepto fuerte, aprende a cuestionar, a poner límites, a elegir mejor y a no perderse intentando encajar, agradar o llenar vacíos emocionales a través de otras personas.
Y precisamente a eso me dedico cada día como psicóloga: a ayudar a las personas a construir esa seguridad interna, sanar heridas emocionales y crear relaciones más sanas empezando por la relación consigo mismas.
Porque cuando una persona está bien consigo misma, deja de buscar constantemente fuera lo que todavía no ha aprendido a construir dentro.
Y quizá ahí está el verdadero aprendizaje que podemos sacar de programas como este: no mirar solo el espectáculo, sino entender qué nos enseña sobre cómo nos relacionamos, qué heridas hay detrás de muchas conductas y por qué trabajar en uno mismo sigue siendo algo tan importante hoy en día.