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La Tomatina de Buñol: así se prepara la batalla de 150.000 kilos de tomate

22.000 participantes, siete camiones y cerca de 1.000 efectivos forman parte del dispositivo de la 79ª edición de la fiesta valenciana

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La Tomatina de Buñol. EPDA
La Tomatina de Buñol. EPDA

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A las 12.00 horas, una carcasa marcará este miércoles el inicio de una de las batallas más singulares del mundo. Durante los siguientes 60 minutos, las calles de Buñol quedarán cubiertas por 150.000 kilos de tomate que serán lanzados por unos 22.000 participantes. A las 13.00 horas, una segunda señal pondrá fin a la batalla. Pero detrás de esa hora de fiesta hay una organización que comienza mucho antes y que continúa cuando el último tomate ya ha sido lanzado.

La 79ª edición de La Tomatina llega este año con más tomate que en la anterior. En 2025 fueron 120.000 kilos, mientras que este miércoles serán 150.000: 30.000 kilos más preparados para una batalla que volverá a reunir a participantes llegados desde distintos puntos del mundo.

Siete camiones para llenar Buñol de rojo

La 'munición' de esta particular batalla llega desde Don Benito, en Badajoz, después de recorrer unos 550 kilómetros hasta Buñol. Son siete los camiones encargados de transportar los tomates: seis recorrerán el itinerario habitual y un séptimo permanecerá en una plaza para completar el lanzamiento.

Y aunque pueda parecer que cualquier tomate sirve para una guerra de estas características, su elección está estudiada al milímetro. Los frutos se cultivan expresamente para La Tomatina y se seleccionan para que lleguen con el grado de maduración adecuado.

El objetivo es que estén lo suficientemente blandos para poder aplastarlos con una mano antes de lanzarlos, reduciendo así el riesgo de que un tomate duro pueda provocar daños durante la batalla. La cosecha, además, se realiza de forma escalonada para controlar ese punto de maduración.

63.000 euros para la 'munición'

Los 150.000 kilos de tomate no llegan gratis a Buñol. El suministro correspondiente a esta edición se ha adjudicado por alrededor de 63.000 euros, dentro de un contrato que contempla también la edición de 2027.

Es una parte poco visible de una fiesta que, detrás de las imágenes de miles de personas cubiertas de rojo, necesita una planificación logística considerable: contratar el producto, controlar su maduración, transportarlo y distribuirlo por el recorrido antes de que comience la batalla.

Casi 1.000 personas pendientes de que todo salga bien

La seguridad es otro de los grandes engranajes de La Tomatina. Este año se ha preparado un dispositivo de cerca de 1.000 efectivos, con participación de seguridad privada, Policía Local, Guardia Civil y Protección Civil.

La cifra de asistentes, además, está limitada a 22.000 personas, una medida que permite controlar el aforo y organizar los accesos al recinto de la batalla.

Entre las novedades de esta edición se encuentra también 'Más Accesibilidad', un espacio protegido destinado a facilitar la participación de personas con necesidades específicas. El Ayuntamiento también ha reforzado el acompañamiento y la información accesible mediante recursos como pictogramas y lectura fácil.

Una fiesta que empieza mucho antes del primer lanzamiento

La Tomatina no dura una hora para quienes la organizan. El trabajo comienza con meses de antelación y moviliza a agricultores, transportistas, trabajadores municipales, fuerzas de seguridad, sanitarios, voluntarios, comercios y vecinos.

También lo hace para los propios participantes. Este año se esperan 22.000 personas de distintas nacionalidades, con especial presencia de visitantes procedentes de países como Australia, Estados Unidos, Japón, China o India. Además, 45 medios nacionales e internacionales se han acreditado para cubrir la fiesta, con más de 400 periodistas, cámaras, fotógrafos y creadores de contenido.

Incluso el transporte se refuerza para la ocasión: Renfe ha previsto 1.700 plazas adicionales mediante el refuerzo de siete trenes de Cercanías para facilitar los desplazamientos hasta Buñol.

De una broma entre amigos a un fenómeno mundial

Todo este despliegue gira alrededor de una tradición que nació en 1945 como una improvisada pelea entre jóvenes y que, casi ocho décadas después, se ha convertido en uno de los acontecimientos festivos más reconocibles de la Comunitat Valenciana.

Este miércoles, cuando suene la primera carcasa, todo parecerá reducirse de nuevo a lo esencial: tomates, calles y miles de personas.

Pero detrás de esos 60 minutos de batalla habrá 150.000 kilos de producto transportados desde Extremadura, siete camiones, miles de participantes, cientos de trabajadores y un dispositivo preparado para que, una hora después, Buñol pueda volver poco a poco a la normalidad.

Sobre el autor

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JUDIT JULIAN MEDINA

PERIODISTA

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