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Cofrentes ha vuelto a ocupar un lugar destacado en la actualidad y muchos valencianos se preguntan qué está ocurriendo exactamente en este municipio del interior de la provincia de Valencia. La respuesta no está en una incidencia en la central nuclear ni en un problema de seguridad, sino en una decisión del Gobierno que ha reactivado uno de los grandes debates energéticos del país: el futuro de las centrales nucleares españolas.
El detonante ha sido la autorización aprobada por el Consejo de Ministros para prolongar hasta junio de 2030 el funcionamiento de la central nuclear de Almaraz, en Cáceres. La planta extremeña tenía previsto iniciar su cierre entre 2027 y 2028, pero el Ejecutivo ha decidido extender su actividad tres años más alegando la necesidad de garantizar la estabilidad del suministro eléctrico y hacer frente a la volatilidad de los precios energéticos.
Aunque la medida afecta directamente a Almaraz, su impacto político ha llegado también a la Comunitat Valenciana. La razón es sencilla: Cofrentes forma parte del mismo calendario nacional de cierre de las centrales nucleares y, según el plan vigente, tiene previsto cesar su actividad en noviembre de 2030.
Una de las centrales más importantes de la Comunitat Valenciana
La central nuclear de Cofrentes es una de las cinco instalaciones nucleares que continúan operativas en España. Junto con Ascó, Vandellòs, Trillo y Almaraz, forma parte del parque nuclear que genera aproximadamente una quinta parte de la electricidad del país.
Su peso en la economía del Valle de Ayora-Cofrentes es considerable. La planta mantiene cientos de empleos directos e indirectos y representa una de las principales infraestructuras industriales de la Comunitat Valenciana, por lo que cualquier decisión sobre su continuidad tiene repercusiones económicas, laborales y energéticas para toda la región.
¿Puede ampliarse también la vida útil de Cofrentes?
Esa es la pregunta que ha vuelto a surgir tras la prórroga concedida a Almaraz. El Gobierno ha insistido en que la decisión adoptada no modifica oficialmente el calendario del resto de centrales nucleares, pero expertos del sector y responsables políticos consideran que el precedente abre un nuevo escenario.
De hecho, la posibilidad de extender la actividad de Cofrentes más allá de 2030 ya llevaba meses sobre la mesa. Diversos sectores empresariales y representantes institucionales valencianos han defendido que la central continúe funcionando por su aportación al sistema eléctrico y por el empleo que genera en la comarca.
Frente a esa postura, organizaciones ecologistas y colectivos antinucleares reclaman que se mantenga el calendario de cierre aprobado en 2019 y que la transición energética se base en un mayor desarrollo de las energías renovables.
Un debate que se reactivó tras el apagón de 2025
El debate sobre las nucleares volvió a ganar intensidad después del gran apagón que afectó a España y Portugal el 28 de abril de 2025. Desde entonces, la seguridad de suministro eléctrico y el papel de la energía nuclear como respaldo del sistema han vuelto a ocupar un lugar central en la discusión política.
La decisión sobre Almaraz se ha interpretado por muchos como una señal de que el calendario nuclear español podría revisarse si las circunstancias energéticas lo justifican. No obstante, cualquier prórroga futura requeriría nuevas solicitudes por parte de las empresas propietarias y el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear y del Gobierno.
¿Qué ocurre ahora en Cofrentes?
Por el momento, la central de Cofrentes continúa operando con normalidad y no existe ninguna decisión oficial que amplíe su funcionamiento. Su fecha prevista de cierre sigue siendo noviembre de 2030.
Sin embargo, la prórroga de Almaraz ha vuelto a colocar a Cofrentes en el centro de la conversación política y energética. Lo que está ocurriendo en el municipio valenciano no es un cierre inminente ni una ampliación ya aprobada, sino el inicio de una nueva etapa de debate sobre si España mantendrá el calendario nuclear previsto o si algunas de sus centrales, entre ellas la valenciana, podrían seguir funcionando más allá de 2030.