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Cuando Roma visita España: León XIV

Carolina Fuertes.

(Maestra, escritora y articulista; analiza la actualidad desde un enfoque crítico, riguroso y estructurado. Autora de la columna 'LO NO EVIDENTE' en la edición impresa de El Periódico de Aquí Camp de Morvedre)

Hay momentos en los que una sociedad se detiene. No por decreto ni por obligación, sino porque algo más grande que la rutina ocupa el centro de la escena y obliga, casi sin quererlo, a mirar en una dirección común. La visita de León XIV a España entre el 6 y el 12 de junio ha sido uno de esos momentos y, por eso, conviene analizarla con la serenidad que merece, más allá del fervor de los creyentes o de la indiferencia de quienes se mantienen al margen de la fe. El Papa ha recorrido cuatro ciudades en seis días. Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife y, en cada una de ellas, ha dejado algo difícil de cuantificar —un gesto de cercanía, una homilía, una presencia— y algo que sí admite cifras. Porque si hay una lección que confirma esta visita es que los grandes eventos de alcance espiritual tienen también una dimensión económica perfectamente tangible.

Según el observatorio turístico ObservaTUR, el paso del pontífice por España podría generar un impacto económico directo de entre 90 y 125 millones de euros, con estimaciones que elevan esa cifra hasta los 350 millones si se consideran los efectos indirectos sobre la actividad económica. Los organizadores del viaje han sido aún más optimistas: calculan un retorno superior a los 150 millones de euros, a la espera de la auditoría que dará cifras definitivas. Además, el perfil del visitante asociado a este tipo de eventos explica en buena medida esas proyecciones: estancias más largas que la media, gasto superior y una presencia notable de familias que viajan juntas.

Por otro lado, los efectos han sido inmediatos y concretos: en Madrid, la tarifa media hotelera durante los días de la visita ha alcanzado los 281 euros por noche, un 8% por encima de lo habitual, con una ocupación prevista del 81,8%. La hostelería, el transporte, el comercio, la restauración: todos los eslabones del ecosistema turístico han notado el movimiento. En cuanto al gasto en alimentación y bebidas, según los mismos estudios, representará cerca del 78% del impacto total, lo que da idea de cuánto derrama un evento de estas características sobre la economía local y de barrio. Pero reducir la trascendencia de esta visita a sus efectos económicos sería una simplificación injusta. León XIV ha elegido Canarias como destino final de su periplo español, retomando el deseo que el papa Francisco no pudo cumplir antes de su muerte: estar cerca de quienes llegan a las islas en condiciones de extrema vulnerabilidad. Ese gesto, que no genera ingresos hoteleros ni llena las cajas de ningún operador turístico, dice mucho sobre las prioridades de este pontificado.

Por último, el evento de 2026 tiene menor escala económica comparada con la última visita de Benedicto XVI que según PwC generó 354 millones de euros, pero no menor significado. Habrá quien recuerde con especial ternura a aquel pastor que eligió llamarse Francisco y que soñó con venir a estas islas sin llegar a lograrlo y que León XIV ha venido a cumplir ese sueño inconcluso. España no sólo ha recibido esta semana a uno de los líderes morales más escuchados del mundo sino, también, quizás, ha recibido algo más difícil de medir: la sensación de que algunos compromisos no mueren con quien los hizo.

Sobre el autor

Carolina Fuertes.
Carolina Fuertes

Maestra, escritora y articulista; analiza la actualidad desde un enfoque crítico, riguroso y estructurado. Autora de la columna 'LO NO EVIDENTE' en la edición impresa de El Periódico de Aquí Camp de Morvedre

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