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El día que Cabo Verde le enseñó algo a España

Carolina Fuertes.

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El Mundial 2026 ha empezado con un formato inédito: por primera vez, tres países —Estados Unidos, México y Canadá— acogen juntos la Copa del Mundo. Así pues, no extraña que la primera jornada ya haya dejado un aviso para quien quiera escucharlo.

España, una de las grandes favoritas, debutó ante Cabo Verde, que disputaba su primer Mundial en la historia. El resultado fue un 0-0: España dominó el balón y lanzó más de veinte veces a puerta, pero no logró marcar. Cabo Verde, en cambio, plantó un bloque bajo y mucha disciplina, y así resistió hasta el final. Ahora bien, el marcador no es lo importante. Lo importante es la frase de Luis de la Fuente tras el partido: en el fútbol no hay rivales pequeños. Esa idea, tan simple en apariencia, es la que de verdad merece un titular.

Y es que Cabo Verde no salió a hacer bulto, sino con un plan y la convicción de que todo es posible si se compite con la cabeza bien puesta. De hecho, eso le bastó para frenar a un equipo con mucho más nombre: España. Y esta, por su parte, tenía la superioridad técnica de su lado, pero quizá también la sensación de que el resultado llegaría solo, y muchas veces, esa distancia entre lo que se espera y lo que se pelea sobre el césped es la que marca la diferencia entre ganar y empatar. De ahí la gran lección del partido: subestimar al rival es uno de los errores más caros que existen, dentro y fuera del deporte, porque cuando alguien parte con ventaja —por talento, recursos o reputación—, es fácil relajarse y asumir que el resultado vendrá solo. Y es justo ahí, en ese instante de relajación, cuando el supuesto “rival pequeño” encuentra su hueco. Al fin y al cabo, Cabo Verde no tenía nada que perder, y eso es una gran fortaleza: jugó libre, sin presión, sabiendo que cualquier resultado positivo ya era una victoria.

Pero esto no habla sólo de fútbol, sino de cómo afrontamos cualquier desafío en la vida. Así, en el trabajo o en los estudios, es habitual toparse con “rivales” que a primera vista no parecen amenaza alguna. Y es ahí donde más cuidado hay que tener, ya que la confianza es necesaria, pero la sobreconfianza es peligrosa, y la línea entre ambas es más fina de lo que parece. Por eso, tratar cada reto con el mismo respeto, sin importar lo favorable que parezca el pronóstico, es la única forma de evitar tropiezos innecesarios. No se trata de dudar de las propias capacidades, sino de entender que la preparación y la humildad pesan tanto como el talento, o más.

En definitiva, este debut deja claro que la mentalidad, más que el talento, es lo que separa a quienes alcanzan sus metas de quienes se quedan a las puertas. Porque, ni en el fútbol ni en la vida, hay rivales pequeños. Sólo hay quienes lo olvidan.

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