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El FMI mira a València: ciberseguridad e IA se gestionarán aquí

Carolina Fuertes.

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La decisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de instalar en València su primer Centro Global de Tecnologías de la Información fuera de Washington coloca a la ciudad en un lugar al que pocas llegan: el de ser elegida. El acuerdo, firmado el 3 de noviembre, convierte a Valencia en sede de una infraestructura que prestará servicios tecnológicos a las operaciones globales del organismo. Con él, la ciudad gana prestigio internacional, atrae un centro especializado en ciberseguridad, inteligencia artificial e infraestructura digital, y refuerza su posición en el mapa tecnológico mundial. En cuanto a su funcionamiento, el centro desarrollará tareas relacionadas con los sistemas de información, la infraestructura digital, la ciberseguridad y la inteligencia artificial. Su ubicación será el Palacio de Calatayud, un edificio de la calle del Micalet que la Generalitat cederá para este uso. La rehabilitación se encuentra en su fase final y debería concluir antes de terminar el año. La puesta en marcha, sin embargo, será gradual: sus capacidades operativas y su plantilla crecerán progresivamente.

Por otra parte, la elección reconoce el camino recorrido: un ecosistema tecnológico valenciano consolidado, profesionales cualificados, una ubicación estratégica y una proyección internacional que la ciudad ha ido construyendo. Que una institución global confíe a Valencia ámbitos tan sensibles como la ciberseguridad o la inteligencia artificial es un respaldo de primer nivel. Precisamente por eso, la oportunidad es enorme. Si las instituciones presentan esta instalación como una palanca de desarrollo, será necesario que sus efectos trasciendan las paredes del Palacio de Calatayud: colaboraciones verificables con universidades, centros de investigación y compañías valencianas; prácticas y formación especializada; y acceso para que los proveedores locales puedan concurrir a los servicios que se requieran. De este modo, Valencia no solo albergará una infraestructura internacional, sino que la integrará en su propio tejido productivo.

Además, el reto no consiste solo en atraer profesionales de fuera, sino en ofrecer razones para que el talento formado aquí pueda desarrollar su carrera sin marcharse. En efecto, la tecnología necesita investigación, educación, conectividad, inversión privada y empleo estable. Por eso, el centro debería complementar una estrategia más amplia, no sustituirla. Del mismo modo, convendrá conocer las condiciones de la cesión del inmueble, los compromisos asumidos por cada administración y los mecanismos de seguimiento del acuerdo. La transparencia no resta atractivo a una iniciativa: permite medir sus beneficios y exigir resultados. En definitiva, Valencia cuenta con una oportunidad de proyección internacional, pero el prestigio solo se convierte en prosperidad cuando permanece en la ciudad. El verdadero indicador será la actividad que quede: conocimiento compartido, empresas fortalecidas, empleo cualificado y oportunidades para sus residentes. El FMI abre una puerta; corresponde ahora a las administraciones, al sistema educativo y al sector privado conseguir que esa puerta conecte con la economía valenciana. Porque jugar en la primera división tecnológica exige algo más que una sede: exige continuidad, cooperación y resultados medibles.

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