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Aprobados a cascoporro. Notas mejoradas para los alumnos que hicieron caso a los profesores más radicales. Juntas de evaluaciones surrealistas. Es la cara B de una evaluación de final de curso en Secundaria -especialmente Tercero y Cuarto- y Bachillerato -sobre todo, Primero- como consecuencia de la huelga indefinida que tuvo los centros educativos de la Comunitat Valenciana sin prácticamente docencia en los dos últimos meses de curso. A continuación, se resumen ejemplos reales de lo sucedido en un instituto de la ciudad de Valencia, aunque las anécdotas son similares a decenas de centros educativos valencianos, según ha podido verificar este rotativo.
Las promociones 3x2 suelen encontrarse en supermercados y grandes superficies. Sin embargo, algunos episodios ocurridos durante las últimas semanas en el ámbito educativo recuerdan más a una campaña de ofertas que a un proceso académico regido por criterios objetivos.
La primera de las situaciones se produjo durante una junta de evaluación. Según relatan fuentes del centro, la dirección habría promovido la revisión del expediente de una alumna después de que su madre solicitara expresamente que se modificara la decisión inicialmente planteada por el profesorado. La polémica alcanzó su punto álgido cuando la progenitora se reunió con la directora y trasladó al jefe de estudios que interviniera en la propia reunión de evaluación para defender su petición antes de que pudiera producirse la correspondiente votación de los docentes. Alegando riesgo de suicio, mejor aprobarlo. Resultado: promociona pese a terner muchas suspendidas.
La segunda controversia tiene su origen en la huelga educativa. Diversos testimonios sostienen que algunos de los participantes en las movilizaciones trasladaron a estudiantes de cuarto de ESO y primero de Bachillerato que secundar el paro podría traducirse en mejoras académicas, tanto mediante incrementos de nota como mediante aprobados. Un planteamiento que, de ser cierto, supondría convertir las calificaciones en una herramienta de incentivo ajena al esfuerzo y al rendimiento académico. En el mismo instituto, uno de los profesores más beligerantes así lo hizo.
La tercera historia tiene como protagonista a una profesora sustituta incorporada poco antes de la huelga. Su paso por el centro acabó generando sorpresa cuando todos los alumnos de segundo de Bachillerato recibieron la máxima calificación posible, un 10. La situación obligó finalmente a la intervención de la Inspección Educativa de la Conselleria de Educación para revisar el procedimiento seguido y las notas otorgadas y tuvo que rehacer todos los expedientes asignando las notas reales de cada alumno y alumna.
Por si faltaba algún ingrediente más para completar este singular final de curso, también ha generado comentarios la situación de un profesor de valenciano que permanecía de baja médica, pero al mismo tiempo participaba en diversas manifestaciones relacionadas con el conflicto educativo. Enfermedad a la carta.
Así, entre peticiones para alterar evaluaciones, supuestas promesas de aprobados y dieces generalizados, algunos centros parecen haber vivido un auténtico 3x2 en ofertas de puntuación y de notas. Un escenario que ha provocado malestar entre parte del profesorado y de las familias, que reclaman que las calificaciones vuelvan a depender exclusivamente del trabajo, el mérito y los conocimientos demostrados por el alumnado.
Y un último apunte: la huelga ha abierto una brecha entre los docentes valencianos, entre quienes siguieron la huelga y quienes no lo hicieron o en menor medida, generando tensiones, conflictos y enemistades entre 'compañeros y compañeras' que han dejado de dirigirse la palabra. Se confirma que todos son mayores de edad, aunque algunos alumnos y alumnas han mostrado más 'trellat' y sentido común que los que les 'educan'.