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Es viernes, son las diez de la mañana y Paco Gómez, alcalde de Domeño, prepara la reunión que tiene a continuación. Sobre la mesa se acumulan papeles y documentación. Durante la entrevista habla de política municipal, de proyectos que han generado polémica, de decisiones tomadas durante sus años al frente del Ayuntamiento y de cuestiones que, a su juicio, no siempre se han contado como deberían. Habla sin demasiados artificios, saltando de un asunto a otro, recuperando nombres, episodios y decisiones. Entre unas cosas y otras, aparece una idea que recorre buena parte de la conversación: su convencimiento de que muchas de las decisiones que se han tomado en Domeño tienen una explicación diferente a la que se ha trasladado públicamente.
Y también aparece una certeza sobre el futuro. Después de 12 años en la oposición y 15 al frente del Ayuntamiento, Paco Gómez no tiene intención de volver a encabezar una candidatura.
“Mi situación familiar en este momento no es la más adecuada. Llevo muchos años dedicando esfuerzos, 12 en la oposición y 15 de alcalde. Creo que he demostrado que se ha gestionado bien”, explica.
Gómez no quiere estar en primera línea en las próximas elecciones, aunque eso no significa que piense desaparecer de la vida municipal. “Yo no voy a estar en primera línea, pero sí estaré detrás ayudando”, afirma. El candidato o candidata que contará con su apoyo todavía no puede hacerse público.
Su manera de entender la política tiene más que ver, dice, con la vocación de servicio que con una profesión. Una idea que aparece una y otra vez durante la conversación.
Una planta de biometano que, a su juicio, se ha politizado
Uno de los asuntos que más tiempo ocupa en la conversación es la planta de biometano proyectada en el término municipal de Llíria y que afecta también a municipios como Domeño y Casinos. Gómez sostiene que el proyecto se ha politizado y que se ha buscado convertir a su municipio en el responsable de una decisión que, según explica, se tomó en otros ámbitos.
Según relata, la tramitación comenzó en 2021 en el Ayuntamiento de Llíria y, después, en la Conselleria de Medio Ambiente como una licencia ambiental integrada. El Ayuntamiento de Domeño no tuvo conocimiento de la concesión de la autorización hasta 2024.
El problema no es que llegue tarde, el problema es que cuando nos enteramos nosotros, el pescado estaba vendido; la licencia ambiental integrada estaba concedida”
Gómez insiste en que Domeño no decidió instalar la planta y que el Ayuntamiento ha mostrado públicamente su oposición. Recuerda especialmente el pleno celebrado el 18 de diciembre de 2025 y las movilizaciones posteriores. “¿Qué más tengo que hacer?”, plantea.
Su interpretación es que el conflicto se ha utilizado políticamente y que se ha buscado un responsable. “Querían un culpable y, si es del PP, mejor”, sostiene.
Gómez diferencia entre las responsabilidades administrativas y la valoración política del proyecto. “Una cosa es la cuestión legal y otra cosa es la cuestión moral”, afirma.
En su opinión, el problema fundamental está en el momento en el que los municipios conocieron realmente el alcance del proyecto. “El problema no es que llegue tarde. El problema es que cuando nos enteramos nosotros, el pescado estaba vendido. La licencia ambiental integrada estaba concedida”.
Domeño se incorporó inicialmente a la vía judicial emprendida contra el proyecto junto a Casinos, pero el Ayuntamiento quiso conocer qué recorrido podía tener el procedimiento y qué coste supondría para las arcas municipales. Finalmente, decidió no continuar con esta vía. Gómez considera que las posibilidades de éxito eran limitadas y que no tenía sentido comprometer recursos públicos en un procedimiento de estas características.
La batalla contra los bulos
La conversación vuelve también a las redes sociales y a las informaciones que, según Gómez, se han difundido en torno a la planta de biometano y a la gestión del Ayuntamiento. El alcalde considera que algunas de ellas son falsas y que han contribuido a trasladar una imagen de Domeño que no se corresponde, a su juicio, con las decisiones adoptadas por el Consistorio.
Los políticos que mientan, pues evidentemente no pueden seguir en política"
Preguntado por cómo se puede combatir esa situación, su respuesta es sencilla: “Simplemente, diciendo la verdad”. Una idea que extiende no solo a los ayuntamientos, sino al conjunto de la política. Gómez considera que se ha normalizado que los políticos falten a la verdad y defiende que quien lo haga debería asumir las consecuencias.
“Yo creo que una de las cosas que se debían de hacer es que los políticos que mientan, pues evidentemente no pueden seguir en política”, sostiene.
En ese punto, la conversación salta del ámbito municipal a la política nacional. Gómez menciona al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al ministro Fernando Grande-Marlaska como ejemplos de lo que él considera una forma de hacer política en la que se han normalizado las acusaciones de mentira.
Para Gómez, la discusión sobre la verdad en política acaba conectando con una cuestión más amplia: la responsabilidad de quienes ocupan un cargo público y la obligación de poder explicar las decisiones que toman. Una forma de entender la política que, asegura, también ha marcado sus años al frente de Domeño.
El agua como ejemplo de gestión
Cuando la conversación entra en la gestión municipal, Gómez vuelve una y otra vez a la importancia de conocer cómo funciona un Ayuntamiento y de rodearse de personas que sepan más que uno mismo.
“Tienes que tener gente alrededor tuya que sepa más que tú en algunos aspectos. Todos no lo sabemos todo”, explica.
Uno de los ejemplos que utiliza para hablar de su gestión es precisamente el agua. Cuando llegó a la política municipal, Domeño arrastraba problemas relacionados con la calidad del agua de consumo. A partir de ahí, el Ayuntamiento fue desarrollando un sistema que, según explica Gómez, permitió mejorar el abastecimiento mediante una planta de ósmosis y la organización de diferentes redes.
Una de las particularidades del sistema está en el aprovechamiento del agua de rechazo de la propia planta de ósmosis, que no se desecha sin más, sino que se reutiliza para otros usos. Gómez considera que esta solución convierte a Domeño en un referente en la gestión y el aprovechamiento del agua.
La gestión de este recurso es uno de los asuntos que más reivindica de sus años al frente del Ayuntamiento. También recuerda episodios concretos, como la detección de niveles de cloratos que obligó a realizar nuevos análisis y a tomar medidas sobre el abastecimiento. Para resolverlo, recurrió a técnicos y especialistas externos.
Es, para él, un ejemplo de la manera en la que debe funcionar un Ayuntamiento: conocer los propios límites y acudir a quien tiene los conocimientos necesarios. “Lo que no sé, lo pregunto a gente que sé que es competente y sabe”, dice.
La misma filosofía la aplica a otros ámbitos de la gestión. Habla de la regularización de las explotaciones mineras y de cómo el Ayuntamiento pasó de ingresar cantidades muy reducidas por este concepto a obtener unos ingresos mucho mayores después de ordenar la situación y aplicar la normativa correspondiente.
"El primero que se apretó el cinturón para dar ejemplo fui yo"
Si hay un asunto en el que Gómez quiere poner el foco cuando habla de sus primeros años al frente del Ayuntamiento es en la situación económica con la que, según relata, se encontró el Consistorio. “No había dinero porque se gastaba más que se ingresaba”, resume.
La falta de recursos condicionaba incluso decisiones tan básicas como afrontar las facturas ordinarias. Gómez recuerda que durante los primeros años hubo que recortar gastos y revisar servicios. También puso como ejemplo algunas ayudas municipales que impulsó y que tuvo que reducir por falta de capacidad económica.
No es que estemos boyantes, pero tenemos superávit todos los años"
“El primero que se apretó el cinturón para dar ejemplo fui yo. Dije: ‘Yo voy a ir cada día por la mañana al Ayuntamiento de forma gratuita’. Pero no solamente como político, sino como ingeniero también”.
Gómez recuerda especialmente las dificultades para afrontar inversiones y obras. En el caso de la escuela infantil, por ejemplo, relata que el Ayuntamiento consiguió finalmente una subvención, pero que durante la ejecución de las obras tuvo que hacer frente a las certificaciones sin disponer todavía del dinero de la administración. “No podía pagar las certificaciones. Si pagaba las certificaciones, no podía pagar los sueldos”.
Con el paso de los años, sostiene, la situación fue cambiando. Asegura que actualmente el Ayuntamiento tiene superávit. “No es que estemos boyantes, pero tenemos superávit todos los años y tenemos dinero a plazo fijo”, afirma.
La explicación que da para ese cambio vuelve a ser sencilla: “Lo que hay que hacer es gestionar bien”.
La conversación termina por cuestiones de agenda, aunque quedan otros asuntos por abordar. Entre ellos, su etapa al frente del Consorcio Valencia Interior, del que es presidente desde 2023.
Con la decisión de no volver a encabezar una candidatura municipal, Gómez encara los últimos meses de su etapa como alcalde de Domeño.