Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Hace exactamente dos años, el agua cambió para siempre la vida de decenas de municipios valencianos. La dana del 29 de octubre de 2024 dejó 233 víctimas mortales y daños estimados en unos 13.000 millones de euros. La provincia sufrió episodios similares con anterioridad, como la gran riada que asoló Valencia en 1957 o la pantanà de Tous de 1982; pero lo acontecido aquel fatídico martes superó cualquier expectativa hasta el punto de convertirse en el segundo mayor desastre natural de la historia de España.
Arrasó viviendas, comercios e infraestructuras y puso a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones. Dos años después, las calles han recuperado parte de su actividad, muchos negocios han vuelto a abrir y las obras se suceden. Pero la normalidad sigue siendo, para muchas personas, una promesa incompleta.
En localidades de l'Horta Sud, la Ribera, La Hoya de Buñol-Chiva, La Plana de Utiel-Requena, el Camp de Túria o La Serranía; la reconstrucción se mide en calles reparadas, colectores renovados, puentes recuperados y proyectos todavía pendientes. También en el tiempo que necesitan las familias para reconstruir sus hogares y en el dolor de quienes perdieron a alguien aquel día.

Reconstruir llevará años
Paiporta, Catarroja y Aldaia fueron tres de los municipios de l'Horta Sud más afectados por la riada. En Paiporta, el plan de recuperación incluye 45 proyectos valorados en 280 millones de euros. Entre las actuaciones más importantes figura la renovación del alcantarillado, que afecta a unos 25 kilómetros de calles. Son trabajos esenciales para recuperar las redes dañadas y mejorar la respuesta del municipio ante episodios de lluvias intensas.
En Catarroja, el horizonte es aún más largo. El Ayuntamiento ha estimado que la localidad podría necesitar unos 14 años para completar la reconstrucción. La inversión prevista supera los 220 millones de euros y abarca edificios públicos, instalaciones deportivas, calles y redes de saneamiento. La dimensión de las actuaciones contrasta con los recursos técnicos de un ayuntamiento que debe gestionar decenas de proyectos a la vez.

En Aldaia, una de las principales apuestas de futuro es el acondicionamiento del barranco de la Saleta, diseñado para reducir el riesgo de inundación en la localidad y su entorno. En julio de 2026, el Consejo de Ministros autorizó la contratación de las obras del tramo entre Aldaia y la vía verde, con un presupuesto base de 132,1 millones de euros. El plan se completa con otra actuación de unos 14 millones para conectar el sistema bajo la V-30 con el nuevo cauce del Turia. El plazo previsto para el contrato principal es de 42 meses. Es una intervención de gran alcance, pero sus beneficios dependerán de que los trámites y las obras avancen conforme al calendario previsto.
Los negocios vuelven, pero no todos
Según los datos difundidos por Cámara Valencia, siete de cada diez negocios de la zona afectada han recuperado o superado la actividad anterior a las inundaciones. Sin embargo, el balance es desigual: el 35% de los establecimientos con entre uno y cinco trabajadores todavía registra una actividad inferior a la que tenía antes de la dana.
Además, el 27% de los negocios afirma tener menos clientes. En algunos casos, los consumidores han cambiado sus hábitos; en otros, la clientela se ha desplazado o sigue evitando las zonas afectadas cuando llueve. Reabrir no garantiza recuperar la facturación ni la confianza de quienes compraban allí antes de la riada.

La construcción, en cambio, ha crecido al calor de las reparaciones y las obras públicas. El empleo del sector ha aumentado un 22% en dos años. Pero ese crecimiento no significa que todos los afectados hayan recuperado lo perdido: detrás de las cifras generales siguen existiendo comercios que luchan por mantenerse.
Diez proyectos para reducir el riesgo de inundación
Una de las grandes preguntas es si la reconstrucción permitirá afrontar mejor una futura riada. La Confederación Hidrográfica del Júcar trabaja en diez proyectos para reducir el riesgo de inundación en las cuencas del Poyo, el Magro y el sistema Pozalet-Saleta. Las propuestas incluyen zonas de almacenamiento controlado de agua, ampliaciones de cauces, restauración fluvial y actuaciones para gestionar mejor los caudales cuando se desbordan.
Entre las intervenciones planteadas figuran un parque inundable y zonas de almacenamiento en el entorno de Paiporta, Catarroja, Massanassa y Sedaví, la mejora de la capacidad hidráulica del barranco del Poyo y actuaciones para reducir las inundaciones en la avenida Rambleta de Catarroja. También se contemplan áreas de laminación en la cuenca del Magro y medidas específicas en las pedanías del sur de València.

A mediados de 2026, estos proyectos estaban en fase de redacción. La previsión era disponer de propuestas iniciales en otoño para abrir un proceso de participación pública antes de definir las soluciones finales. Por tanto, son actuaciones previstas, no obras terminadas ni una garantía inmediata de protección.
Mientras se preparan esas intervenciones, también se han ejecutado obras de emergencia en el barranco del Poyo. La actuación, dotada con 20 millones de euros, ha servido para reparar y reforzar los taludes dañados en un tramo de unos siete kilómetros entre Picanya y Catarroja. Estos trabajos reparan los daños existentes; las nuevas actuaciones hidráulicas deberán abordar, además, cómo reducir el impacto de futuras avenidas.
Trenes y conexiones todavía pendientes
La movilidad ofrece otro ejemplo de una recuperación por fases. En la línea C-3 de Cercanías, el servicio entre Valencia y Buñol se recuperó en diciembre de 2025, pero el tramo entre Buñol y Utiel continúa sin servicio ferroviario ordinario, con autobuses sustitutivos.
La renovación de los 45,6 kilómetros de vía entre ambas localidades cuenta con una inversión anunciada de 101,8 millones de euros. El proyecto incluye nuevos carriles y traviesas, mejoras en las estaciones y la adaptación de 13 túneles para una futura electrificación. La modernización pretende mejorar la fiabilidad de la línea, pero la recuperación completa del servicio sigue siendo esencial para los municipios del interior.

También hay proyectos para reforzar el tramo más próximo a Valencia. Adif anunció una inversión aproximada de 80 millones de euros para duplicar la vía entre València y Aldaia en unos 12 kilómetros y construir una nueva estación en el sector de Bonaire. La actuación busca aumentar la capacidad y la fiabilidad de la línea, aunque el proyecto se encontraba en fase de redacción cuando se anunció.
En Riba-roja de Túria, el puente militar instalado tras la dana permitió recuperar temporalmente el paso mientras se reparaban las conexiones dañadas. Su desmontaje comenzó en junio de 2026, después de unos 19 meses de servicio. Fue una solución de emergencia necesaria, pero también un recordatorio de la cantidad de infraestructuras que hubo que improvisar para restablecer la movilidad.
Las heridas que no se ven
Los profesionales de la psicología advierten de que el aniversario puede reactivar el miedo, la angustia y los recuerdos traumáticos. Las lluvias, los avisos meteorológicos y los sonidos asociados a aquella tarde devuelven periódicamente a algunos afectados a los momentos de mayor peligro.
Para quienes perdieron a familiares, la ausencia no tiene un plazo de reparación. Y para quienes vieron cómo el agua entraba en sus casas o negocios, recuperar la vivienda o reabrir el establecimiento no elimina automáticamente la sensación de inseguridad.

La gestión de la emergencia sigue también bajo escrutinio. El aviso masivo a los móviles llegó a las 20.11 horas del 29 de octubre de 2024, en plena catástrofe. La investigación judicial continúa su curso, mientras la mejora de los sistemas de alerta y de la coordinación institucional forma parte de las lecciones que dejó aquel día.
Que los proyectos se conviertan en protección
Las administraciones han movilizado miles de millones de euros en ayudas y reparaciones. Pero las cifras de inversión no bastan para medir la recuperación: importa que las obras se adjudiquen, empiecen y terminen, que las conexiones vuelvan a funcionar y que los proyectos hidráulicos previstos se traduzcan en una reducción real del riesgo.
Dos años después, la reconstrucción convive con dos calendarios: el de las familias y los negocios que necesitan recuperar cuanto antes su vida cotidiana, y el de unas infraestructuras cuya planificación y ejecución puede prolongarse durante años.
El aniversario recuerda a las 233 víctimas, pero también obliga a mirar hacia delante. La reconstrucción solo estará completa cuando las infraestructuras funcionen, los afectados puedan recuperar sus vidas y las inversiones se traduzcan en una protección real frente a nuevas inundaciones.
El segundo año después de la dana no cierra la herida. Pone a prueba si todo lo aprendido desde aquel 29 de octubre servirá para que, la próxima vez, el territorio y sus habitantes estén mejor preparados.